Algo para Pensar — Parasha Ki Tisa (jueves, 13 marzo 2025) Tiempo de lectura: 4 minutos 


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos” (Éxodo 32:3)


“Vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro; y todos presentaban ofrenda de oro a El Eterno” (Éxodo 35:21).


Iniciemos nuestra travesía leyendo las palabras del Rey Salomón cuando se llevó a cabo la dedicación del Templo en Jerusalén:


“Yo he edificado casa por morada para Ti, sitio en que Tú habites para siempre”.… “Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?” (1 Reyes 8:13,27). 


Dios, Ser a quien no se le puede definir, ni aún a través de las más profundas abstracciones espirituales, nos obliga a preguntarnos, ¿qué es lo que queremos comunicar cuando decimos que “habita” en un edificio físico?Lo cierto es, que éste es el deseo y mandato expreso de Dios: “Harán para mí un santuario, y yo habitaré entre ellos” (Éxodo 25:8). 

De hecho, una parte significativa del libro del Éxodo — alrededor del 35% del libro — dónde se describe nuestro nacimiento como nación y la formación de nuestro pacto con Dios, está dedicada a relatar las detalladas instrucciones de Dios sobre cómo construir este santuario que sirvió al pueblo de Israel durante su viaje por el desierto y que fue el precursor del Templo de Salomón.


Dios, quien trasciende e impregna tanto lo espiritual como lo físico, deseó “una morada en los reinos inferiores.”  Su deseo es que santifiquemos los elementos de nuestra existencia material dedicándolos a Su servicio, despojándolos de su expresión mundanal y sacando a la luz su esencia divina oculta en su interior.


“Esto”, escribe el rabino Schneur Zalman de Liadi, “es lo que es el hombre, este es el propósito de su creación y de la creación de todos los mundos… que Dios tenga una morada en los reinos inferiores.”


El mandato divino para construir el Tabernáculo llegó en el primer año después de la liberación de Israel de Egipto, poco después de la revelación en el Monte Sinaí, donde Dios eligió a Israel como su pueblo y le dio la Torá. Otro evento que ocurrió durante ese mismo período fue el pecado del becerro de oro. 


Cuando Moisés no regresó de la cima de la montaña el día que los israelitas lo esperaban, abandonaron su pacto con Dios. Volvieron al paganismo aprendido en Egipto, hicieron y adoraron un ídolo de oro en forma de becerro.


En efecto, el becerro de oro es la máxima perversión del tabernáculo: aparentemente análogo a él, pero en verdad es la antítesis. Ambos son objetos físicos — en particular, objetos de oro, el símbolo máximo del mundo material — que están consagrados y a los que se les atribuye una función divina. 


Pero mientras el becerro de oro ejemplifica la adoración de lo material en sí, el santuario representa la subyugación de lo material para servir y expresar lo divino. Así, la construcción del tabernáculo por parte de Israel fue la rectificación máxima de su error al construir el becerro de oro, y cuando eventualmente Dios manifestó su presencia dentro del tabernáculo, fue la señal máxima de que había perdonado nuestra transgresión.


¿Qué sucedió primero, la construcción del becerro de oro o la construcción del Tabernáculo?


Sabemos que la Torá fue entregada siete semanas después del Éxodo, el 6 de Siván. También sabemos que el becerro de oro fue hecho cuarenta días después, el 16 de Tamuz, y que al día siguiente, Moisés, al regresar de la montaña y encontrar a los israelitas adorándolo, rompió las dos tablas en las que Dios había escrito los Diez Mandamientos. 


Entonces Israel se arrepintió de su transgresión y Moisés regresó a la cima de la montaña para implorar a Dios que los perdonara. En Yom Kippur, el décimo día de Tishrei, ochenta días después de la ruptura de las primeras tablas, Dios expresó Su completo perdón al pueblo y les dio un segundo juego de tablas. En cuanto al Tabernáculo, se nos dice que fue completado y erigido casi seis meses después, el primero del mes de Nisán.


Pero, ¿cuándo exactamente dio Dios la orden de construir el Tabernáculo? ¿Fue antes o después del asunto del becerro de oro? ¿Y cuándo realmente, el pueblo implementó esta orden? Hay no menos de tres opiniones diferentes entre los “midrashim” y los comentarios en cuanto a la cronología de los acontecimientos posteriores a la revelación en el Sinaí.


Este será el tema de nuestro próximo análisis. 


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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