Algo para Pensar — Parasha Tetzaveh (jueves, 6 marzo 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 

¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Y mandarás (וְאַתָּה תְּצַוֶּה) a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas.” (Éxodo 27:20)

Ayer dejamos a Moisés confundido y molesto con las órdenes que Dios le dio. ¿Por qué El Eterno fue tan agresivo con su fiel siervo?
Quizá hubo un diálogo dónde El Eterno le dijo….

Moisés, tú condenas a los israelitas por carecer de una luz interior, y estás enojado porque les hago «jugar» al juego de encender la “menorá.” 

Probablemente contrastas un acto meramente físico de “hadlakat neirot,” de encender la luz versus la luz suprema de la revelación cuando les diste la Torá. Pues bien, Moisés, recuerda: tu luz, no importa cuán sublime sea, proviene de ellos, sin importar cuán insignificantes y simples puedan parecer.

Dios está educando y dando forma al líder más grande de todos los tiempos: “ata tetzaveh”, tú Moisés, tú que miras la insuficiencia de tus israelitas, ¡tú eres el que debe pedir, suplicar y ordenar que te traigan aceite de oliva puro, que te lo traigan! 

Sin ellos, tu propia iluminación se atenúa, tu iluminación es ineficaz, tu espíritu se debilita. ¡Tu fuerza deriva de ellos! Recuerda, Moisés: ¡Yo, Dios, no necesito su luz, tú sí! Puede que no te gusten, pero si los amas, aprenderás paciencia, humildad y tolerancia, ¡porque tú los necesitas! 

Esto, sí es paradójico: el valor de Moisés es en virtud del pueblo que ha sido llamado a guiar o dirigir. Sin éste, Moisés sería uno más. Es algo similar a lo que sucede con la luz; sin oscuridad, no hace falta.

Lo mismo ocurre con el segundo «ata». Moisés se opuso al sacerdocio. Consideró que fue un fracaso desde el principio. Probablemente pensó (si podemos traducirlo al contexto de nuestra vida contemporánea): si tienes un Rosh Yeshivá, ¿quién necesita un Rav? 

Los sacerdotes, pensó — o dijo — Moisés, son meros funcionarios religiosos, directores de ritos, maestros de ceremonias eclesiásticas. ¡Y el pueblo lo que necesita son profetas, no sacerdotes! No debemos permitirles participar en juegos religiosos, ¡pero sí debemos insistir en que sean religiosos!

Entonces Moisés se desesperó por causa de los «kohanim,» los sacerdotes. Culpó a Aarón por agradarle y ser demasiado condescendiente con los israelitas, por estar demasiado cerca de ellos, por identificarse demasiado con el «hoi polloi,» las masas, y por lo tanto, provocar esta gran catástrofe del Becerro de Oro.

Por causa de esto viene la palabra de Dios a Moisés: «Y acercarás a tu hermano Aarón y a sus hijos.» No basta con amar a los israelitas desde la distancia. Alguien tiene que hablar CON ellos y también ESTAR ellos, escucharlos y ordenarles, respetarlos y criticarlos, apelar y regañar. 

Si tú, Moisés, no puedes hacer esto, ¡entonces no lo hagas! ¡Pero «ata hakrev,» como líder les vas a proporcionar a alguien que también los comprenda, es decir, ¡a Aarón y sus hijos!

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)88

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