
Algo para Pensar–Parasha Teruma(viernes, 28 febrero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
Najmánides, el reconocido cabalista cuyo comentario sobre la Torá incluye sus elementos más sublimes, describe la función del Templo Sagrado de forma más «esotérica.» Argumenta que además de facilitar la elevación de nuestras vidas a través del servicio de «korbanot,» el Templo también sirvió como punto de entrada para la infusión de una realidad más espiritual «en» nuestro mundo.
Mientras el altar nos permitía desarrollar y refinar nuestro mundo físico finito, el Arca representa una función «superior» del Templo Sagrado al manifestar la realidad infinita de Dios, expresada en la Torá.
En otras palabras, la relación entre el ser humano y Dios involucra a ambas «partes». En nuestro caso, nos elevamos para acercarnos a Él; pero la suma de todos nuestros esfuerzos no es suficiente para trascender y superar los límites y definiciones inherentes a nuestra humanidad. Siendo este el caso, Dios también se acerca para relacionarse con nosotros en Sus términos infinitos.
Los «korbanot» (y hoy día, nuestro «servicio del corazón» a través de la oración) representan nuestros esfuerzos humanamente finitos para elevar nuestra naturaleza material y nuestro entorno. La Torá, la comunicación de la sabiduría y voluntad divina, es la acción de Dios extendiéndose para inyectar Su realidad infinita y trascendente en nuestra existencia.
En el Templo Sagrado, el Arca que contenía la Torá servía como una expresión tangible de la infinita trascendencia divina.
En verdad, tanto el altar como el arca –- tanto el servicio del hombre así como la Torá de Dios -– son necesarios si Dios realmente va a «habitar» en nuestro mundo. El elemento humano representado por los «korbanot» puede verse simplemente como una forma de permitir que nuestro yo finito también desempeñe un papel o función en la creación de un «hogar para Dios en este mundo físico.»
Sin embargo, la verdad es mucho más que esto: esto es crucial para la noción misma de un lugar que brinda «albergue» a una realidad divina verdaderamente infinita y trascendente.
«…En el lugar de tu morada, que tú has preparado, oh Eterno, en el santuario que tus manos, oh Eterno, han afirmado» (Éxodo 15:17).
«Mi mano fundó también la tierra, y mi mano derecha midió los cielos con el palmo; al llamarlos yo, comparecieron juntamente» (Isaías 48:13)
El Midrash expone: «Dios extendió Su mano derecha y creó los cielos; extendió Su izquierda y creó la tierra». En otras palabras, se describe que la realidad espiritual de los cielos posee la fuerza y el poder de la «mano derecha» divina, mientras que la tierra y la realidad física encarnan el elemento menor y más finito de la creación de Dios.
Esto, sin embargo, es creación en su estado original, no desarrollado. El Santo Templo, sin embargo, representa una realidad que «Tus manos [plural] han fundado,» una realidad en la que la presencia omnipresente de Dios incorpora ambas «manos» por igual. Ya no hay superioridad de la «derecha» sobre la «izquierda,» del espíritu sobre la materia, del infinito sobre lo definitivo. Nuestra participación en los aspectos mundanos de la vida física, así como nuestras aspiraciones y logros espirituales, nos sirven igualmente para relacionarnos con nuestro Creador.
Éste es el significado eterno del santuario que se nos instruye y se nos da el poder de construir a partir de los elementos materiales de nuestra vida. A menudo, encontramos que la mayor parte de nuestro tiempo y energía es consumida por los enredos aparentemente «pequeños» de la vida diaria, y vemos esto como un obstáculo para nuestro espíritu de lucha por la libertad.
En verdad, sin embargo, nuestras actividades trascendentes y espirituales no son menos limitantes si nos limitamos exclusivamente a ellas. Pero cuando adoptamos el enfoque de que todo en nuestras vidas, tanto lo elevado como lo humilde, puede utilizarse de manera positiva y santa, trascendemos todos los parámetros y definiciones y nos relacionamos con la Esencia última que no conoce límites.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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