
Algo para Pensar- Parasha Mishpatim (domingo, 16 febrero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Parashat Mishpatim es la decimoctava porción semanal de la Torá en el ciclo judío anual de lectura de la Torá. Porción de la Torá: Éxodo 21:1-24:18
Mishpatim (“Leyes”) relata una serie de leyes de Dios que Moisés da a los israelitas. Estas incluyen leyes sobre el trato a los esclavos, daños, préstamos, devolución de bienes perdidos, el shabbat, el año sabático, los días festivos y la destrucción de la idolatría. La porción termina cuando Moisés asciende al monte Sinaí durante 40 días.
“Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre, sin cobrar nada.” (Éxodo 21:2)
Tan pronto revisamos las leyes del “eved Ivri” (esclavo hebreo o sirviente contratado) en nuestra Parashá, resulta fácil ilustrar la oposición de la Torá a la esclavitud (vea también en el libro de Levítico 25:39-43). En ambas fuentes, las leyes presentan una anulación casi total de la institución de la esclavitud dentro de Israel.
No hay comparación entre el esclavo del mundo antiguo y el “eved Ivri” descrito por la Torá.
En esencia, el “eved Ivri” es simplemente alguien que es empleado por un largo período de tiempo: “Ha valido para ti el doble de un jornalero, sirviendo seis años” (Deuteronomio 15:18). La única limitación que tiene en común con un esclavo regular es que dentro del período de contrato al que está comprometido no puede cambiar de opinión y marcharse.
Llamativo por demás resulta, el que nuestra Parashá introduzca estas leyes con la declaración: “Si adquieres un siervo hebreo por contrato, trabajará durante seis años, y en el séptimo año saldrá libre, sin cobrar nada.”
Esta es una declaración que anula la esclavitud en su sentido tradicional como algo perteneciente a “Am Israel”, y complementa lo que la nación escuchó previamente en el Monte Sinaí (20:2): “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud”.
Ramban explica: La primera ley que se da aquí es la del siervo hebreo por contrato, porque la liberación de este siervo en el séptimo año sirve como recordatorio del éxodo de Egipto mencionado en el primero de los Diez Mandamientos, como está escrito (Deuteronomio 15:15): “Y recordarás que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que el Señor tu Dios te rescató, por eso te ordeno esto hoy”. (Ramban en 21:2)
Pero las leyes del «eved Ivri» NO reflejan la actitud de la Torá hacia la institución universal de la esclavitud, ya que ellos deben evidenciar la relación especial que debe prevalecer entre la nación israelita, la cual se basa en la relación de Dios con ellos: «Porque son Mis siervos, a quienes saqué de la tierra de Egipto; no serán vendidos como esclavos» (Levítico 25:42).
La Torá continúa haciendo una distinción entre la anulación de la esclavitud en la nación de Israel — quienes son «los siervos de Dios» — a los que Él sacó de Egipto para que pudieran ser Sus siervos en lugar de esclavos de cualquier otro mortal, y la existencia de la institución de la esclavitud como algo presente en las otras naciones: «Y tu esclavo y tu sierva que tengas de entre las naciones circundantes, de ellos podrás adquirir esclavos y siervas… y serán de tu propiedad» (Lev. 44-45).
La forma adecuada de aclarar la actitud de la Torá hacia la institución de la esclavitud es, por tanto, examinando las leyes del «esclavo gentil,» conocido en la literatura rabínica como el «esclavo cananeo.» Las leyes que se refieren a este esclavo arrojan luz sobre la actitud fundamental de la Torá hacia la esclavitud en general.
Sin embargo, incluso las leyes del siervo hebreo contratado tienen cierta importancia para aclarar la postura de la Torá sobre la esclavitud. La casi completa anulación de la esclavitud dentro de «Am Israel» muestra que la esclavitud en sí misma se considera una situación social impropia y, por lo tanto, no debería existir dentro de la nación israelita.
Aunque la razón dada es histórica y religiosa (el éxodo de Egipto convirtió a los «Benei Israel» en siervos sólo de Dios), el fundamento de esta razón puede ampliarse para incluir a toda la humanidad. Todo el mundo es digno de ser considerado siervo de Dios en algún nivel, en virtud de ser Su criatura y en virtud de la obligación de servirle. Teóricamente, no hay justificación para la esclavitud de alguien que fue creado a imagen divina para servir a Dios.
Pero de algo sí estamos totalmente seguros: la esclavitud no ha cesado. Lo único que ha sucedido es que hemos cambiado de amo. Antes, otro mortal era nuestro dueño, ahora que hemos sido redimidos por El Eterno, Él es nuestro Amo.
Asi que, estamos ante otra paradoja, parece ser que el camino a la libertad es la esclavitud.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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