Algo para Pensar – Parasha Yitro (Shabbat, 15 febrero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!


וְכָל־הָעָם רֹאִים אֶת־הַקּוֹלֹת וְאֶת־הַלַּפִּידִם וְאֵת קוֹל הַשֹּׁפָר וְאֶת־הָהָר עָשֵׁן וַיַּרְא הָעָם וַיָּנֻעוּ וַיַּעַמְדוּ מֵרָחֹק׃
«Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos.» (Éxodo 20:18) 


Se cuenta una historia donde un místico le dice al filósofo: «¿Sabes la diferencia entre tú y yo? Tú estás pensando constantemente en Dios, mientras yo siempre estoy pensando en mí mismo.»

Al principio el filósofo se sintió muy complacido con el cumplido, pero un día se dio cuenta de lo que el viejo sabio le había querido decir. Veamos. 

El filósofo está convencido de que él, el pensador, existe y no le da ningún tipo de espacio a un segundo pensamiento de este tipo. Dando esto por sentado, decide entonces, reflexionar sobre la existencia de Dios: ¿Yo sé que existo, pero existe Dios? ¿Qué es Dios? ¿Cómo nos afecta su existencia?

Sin embargo, el místico se encuentra en el otro lado del espectro, para él Dios es la esencia misma de la realidad. Con esto en mente comienza a plantearse algunas preguntas. ¿Dónde nos deja esto a nosotros? ¿Qué posible legitimidad puede tener nuestra finita y transitoria existencia dentro de la realidad de que Dios es trascendente y todo lo impregna? Así que, en virtud de este tipo de argumentación, el místico basa sus reflexiones sobre su propia realidad subjetiva: ¿Existo? ¿Qué significado tiene mi existencia, si es que tiene alguna? ¿Por qué existo?

Esto es lo que quiere decir Rabí Akiva cuando dice que en el Sinaí “vimos lo que se oye y oímos lo que se ve.” Por lo general, es nuestra existencia física lo que “vemos” y lo que viene a ser real para nosotros. Por supuesto, entendemos que todo esto tiene un Creador y un propósito. Hay pruebas de ello en la majestuosidad y complejidad del universo; cada latido de vida lo anuncia, así como en cada sacudida de la conciencia en el alma del ser humano. 

Pero esta realidad superior es meramente “oída” en nuestro mundo – deducida, percibida, incluso experimentada – pero nunca percibida con la inequívoca realidad que nos provee nuestro sentido visual. Para nosotros, la realidad es lo físico; todo lo demás son meramente conceptos.

¡Pero no en el Sinaí! En el Sinaí se nos abrieron los ojos y “vimos al Dios de Israel” (cf. Éxodo 24,10). Vimos lo que se oye, lo que ordinariamente es abstracto y “espiritual”. Y oímos lo que se ve: nuestro formidable mundo, tan real y tangible, de repente era un eco lejano, un concepto. 

Porque la Realidad es de Dios. Entonces, si la esencia de la existencia es la infinita y omnipresente verdad divina, ¿qué es nuestro mundo? ¿Sólo una ilusión? Pero no, no es una ilusión. Nuestros sentidos nos lo dicen a cada instante. Entonces, ¿qué significado tiene la creación? ¿Qué de la Torá y sus mandamientos?

Todo esto nos dice que nuestro mundo existe y que en Sinaí lo captamos de una forma única y extraordinaria: “vimos lo que se oye y oímos lo que se ve.»

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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