Algo para Pensar – Parasha Yitro (jueves, 13 febrero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!

וְכָל־הָעָם רֹאִים אֶת־הַקּוֹלֹת וְאֶת־הַלַּפִּידִם וְאֵת קוֹל הַשֹּׁפָר וְאֶת־הָהָר עָשֵׁן וַיַּרְא הָעָם וַיָּנֻעוּ וַיַּעַמְדוּ מֵרָחֹק׃»

Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron, y se pusieron de lejos.» (Éxodo 20:18) 


¿Alguna vez has escuchado hablar sobre el término sinestesia? Si es así, ¿sabes qué es sinestesia?


La sinestesia es un fenómeno que provoca cruces sensoriales, como saborear colores o sentir sonidos. Algunas personas lo describen como tener “cables cruzados” en el cerebro porque activa dos o más sentidos cuando solo hay una razón para que se active un sentido. Es muy importante comprender que la sinestesia NO es una enfermedad ni una afección médica.

Hace treinta y tres siglos, toda la nación israelita fue testigo de la revelación de Dios en el monte Sinaí. Siglos después, dos sabios talmúdicos, Rabi Akiva y RabíIsmael, ofrecieron argumentos algo diferentes de esta experiencia.

Una diferencia entre ellos alude a la manera en cómo la revelación en el Sinaí fue percibida por nuestros sentidos. Después de relatar la proclamación de los Diez Mandamientos en el Sinaí, la Torá relata: “Todo el pueblo vio los sonidos y las llamas y la montaña que humeaba; el pueblo vio y tembló, y se quedó a lo lejos.”

¿Qué significa que “vieron los sonidos”? 

Según Rabí Akiva, la manera en que percibimos las imágenes y los sonidos manifestados en el Sinaí fue algo radicalmente diferente a la manera en que se asimilan habitualmente tales estímulos. En el Sinaí, nuestros sentidos de la vista y el oído invirtieron sus roles: “vimos lo que (ordinariamente) se oye, y oímos lo que (ordinariamente) se ve.”

No es así, dice Rabí Ismael. En el Sinaí, experimentamos la mayor revelación divina de todos los tiempos de la misma manera en que nos relacionamos habitualmente con la realidad: “vimos lo que se ve y oímos lo que se oye.”  Según Rabí Ismael, la palabra “vimos” en el versículo se refiere a las “llamas” y a la “montaña humeante” mencionadas más adelante en la oración.

Ambas interpretaciones del versículo generan preguntas como respuestas. Con respecto a la descripción de Rabí Akiva donde hay una transmutación extraordinaria de nuestros sentidos, podemos preguntar: Es sorprendente, pero ¿por qué? Sabemos que, por regla general, el Creador se resiste a intervenir en el orden natural de las cosas; los milagros son raros y sólo se producen para lograr un fin específico. ¿Cómo explicaría Rabí Akiva el propósito de semejante hazaña que atropella a lo que debe ser un acto natural?

En cuanto a la opinión de Rabí Ismael, se plantea en primer lugar la pregunta relacionada al qué es lo que este versículo desea comunicar. La Torá ya ha descrito el trueno, el sonido del shofar, los relámpagos, el fuego y el humo que acompañaron el descenso de Dios sobre el Sinaí (cf. Éxodo 19:16-19). ¿Por qué es necesario que nos enfaticen o repitan que el pueblo de Israel vio estas escenas y oyó estos sonidos?

Ante estas dos interpretaciones, recordemos que, como herramientas de percepción, la vista y el oído difieren en dos aspectos fundamentales. Sobre estas diferencias y sus potenciales implicaciones, hablaremos en nuestra próxima reflexión. 

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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