
Algo para Pensar Parasha Yitro (domingo, 9 febrero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Hemos llegado a la decimoséptima porción semanal de la Torá en el ciclo judío anual de lectura de la Torá. Se trata de la parasha Yitro.
Porción de la Torá: Éxodo 18:1-20:23
Yitro (“Jethro”) comienza cuando Moisés se reúne con su suegro Yitro y acepta su consejo de nombrar jueces que le ayudarán a gobernar a los israelitas. Los israelitas se preparan para encontrarse con Dios en el monte Sinaí. Dios desciende en medio del fuego, el humo, los truenos, el sonido del shofar y les entrega los Diez Mandamientos.
“Y se alegró Yitro de todo el bien que El Eterno había hecho a Israel, haberlo librado de mano de los egipcios.” (Éxodo 18:9)
Esta semana la parashá nos cuenta sobre el reencuentro de Moisés con su suegro, Yitró, con su esposa Tzipora y sus hijos que se habían quedado en Madián mientras Moisés vivía la experiencia del Éxodo de Israel de Egipto. Después que Moisés le cuenta a Itró todo lo que le había sucedido al pueblo de Israel, leemos: “vayihad Itró”, “Y se alegró Yitró por todo el bien que el Señor había hecho a Israel” (Éxodo 18:9).
Ahora bien, la palabra “vayihad” significa más que “alegrarse”. Una traducción más precisa puede ser, “y se emocionó Yitró.” Ambas palabras, “vayihad” y “se emocionó” significan “alegría al punto en que sientes que tu piel es perforada por un agudo placer.” El hebreo “vayihad” viene de la palabra “had”, sentir una sensación aguda, algo semejante a ser perforado o “taladrado” por la alegría. De modo que Yitró experimentó una gran y profunda alegría, algo casi extático.
¿Por qué Yitro está tan feliz? ¿Qué había de emocionante en su experiencia? Una lectura de Rashi nos deja con la sensación de que la alegría de Yitro no era absoluta. Sabemos que él no era parte del pueblo israelita, por lo tanto su razón para regocijarse por la caída del Faraón no debía ser tan grande como para ser la razón del uso de la palabra «vayihad.» ¿Por qué entonces su uso?
Creo que podemos encontrar la respuesta a esta pregunta mediante un análisis PSICOLOGICO a través del cual aspiramos a detectar resultados moralmente instructivos. Nuestra tarea requerirá ir recogiendo pistas que la Torá nos deja para ir construyendo, a partir de éstas, una perspectiva sobre las actitudes presentes en las vidas de los protagonistas de esta gran historia que ocupa nuestra atención.
Al inicio, Moisés lleva a su familia desde Madián a Egipto, un viaje que a Yitró no le agradó. Más tarde, Moisés envía a su esposa Tzipporah y a sus dos hijos de regreso a Madián para que se queden con su suegro mientras él — Moisés — continúa con su trabajo.
Quienes leemos la Biblia conocemos la verdadera razón de su separación. Moisés ahora está involucrado en lo que quizá sea la mayor empresa individual de toda la historia. Era el padre de todos los profetas en todas las épocas, y como tal, experimentaba una constante e ininterrumpida “gilui Shekhina,” revelación divina.
Para poder estar siempre preparado para la revelación de Dios, no podía vivir como la mayoría de los seres humanos. Su mente, su corazón y su alma tenían que estar libres de todo tipo de enredo. Era la figura pública por excelencia y, por tanto, para poder cumplir su misión a cabalidad, y simultáneamente ser justo con su esposa e hijos, se vio obligado a enviarlos de vuelta a casa de su suegro mientras esta gran operación histórica del Éxodo de Egipto estaba en ejecución.
Pero Yitró sí lo sabía. Hay que ponerse en el lugar de Yitro e imaginar cómo se sintió. Aquí estaba este joven Moisés, que venía huyendo de la policía egipcia y había encontrado un hogar con él, el sumo sacerdote de Madián. Yitro le brindó albergue al joven fugitivo, le dio a una de sus hijas por esposa y lo puso en el negocio de cuidar sus ovejas. Luego el joven Moisés regresa a Egipto, porque tiene ambiciones de triunfo. Y ahora que lo ha conseguido, parece haber eludido todos sus deberes familiares y abandonado sus obligaciones. ¡Cuán amargado debe haber estado el corazón del viejo Yitro!Así nuestra parashá comienza con
«vayishma Yitro»: «Y Yitro, el sacerdote de Madián, suegro de Moisés, escuchó todo lo que Dios había hecho por Moisés y por Israel su pueblo, cómo el Señor había sacado a Israel de Egipto. » Moisés ha alcanzado el clímax de su ambición, pero su familia no sabe nada de él. Al parecer ha olvidado que dejó atrás a una esposa y dos hijos pequeños. Y Yitro piensa para sí mismo: este Moisés probablemente ha desarrollado la psicología de un conquistador.**
Probablemente piensa que me ha superado a mí, a mi hija y a sus hijos. Ahora que ha vencido al Faraón, sin duda ha adoptado la actitud del Faraón, que era capaz de decir con tanta arrogancia (cf. Éxodo Rabba, Va’era 8:1), «li Yeori ve’ani asitani», el Nilo es mío y soy un hombre hecho por mi mismo: nadie puede decirme que haga nada.
Quizás Yitro atribuyó a Moisés el tipo de arrogancia que es natural en los conquistadores, y que sabemos existió más tarde en el Imperio Romano, cuando la celebración más solemne de los romanos era la fiesta del Triunfo, con su excitación maníaca, su sed de sangre y su corrupción.
Ahora les pregunto: ¿Será esto lo que está sucediendo con el Presidente Trump en EUA y con la gobernadora Jenniffer González en PR?
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
** En el núcleo de la mentalidad de un conquistador yace una inquebrantable voluntad de poder. Influenciados por un deseo profundo de expansión y dominio, estos líderes, no solo buscan riquezas o gloria personal, sino que se ven a sí mismos como agentes del destino. Este sentimiento de grandeza suele estar acompañado de una confianza extrema en sus propias capacidades, lo que les lleva a tomar decisiones audaces, incluso frente a adversidades aparentemente insuperables.
Otro rasgo clave es la resiliencia psicológica. Un conquistador soporta condiciones extremas, la incertidumbre del éxito y la traición tanto de enemigos como de aliados. La capacidad de sobreponerse a estos desafíos y seguir adelante sin dudar es fundamental en la búsqueda y persecución de sus objetivos.
Asimismo, la capacidad de persuasión y manipulación juega un papel esencial. Un conquistador no sólo debe ser un estratega militar, sino también un maestro en la política y la diplomacia. La habilidad de inspirar a sus tropas, forjar alianzas estratégicas y explotar las debilidades de sus enemigos les permite avanzar con menor resistencia.
Sin embargo, la psicología de un conquistador también conlleva un lado oscuro. La falta de empatía y la justificación de la violencia como medio para alcanzar sus fines son comunes. Muchas de este tipo de personas ven sus acciones como parte de un orden superior o como un sacrificio necesario por un bien mayor.
En conclusión, la psicología de un conquistador debe presentar un equilibrio entre ambición desmedida, resiliencia, astucia y una visión trascendental de su propio papel en la historia. Algo que muy pocos logran.




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