
Algo para Pensar-Parasha Beshalach (jueves, 6 febrero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Entonces El Eterno dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen.» (Éxodo 14:15)
Todos conocemos esa sensación: una mañana nos despertamos y nos damos cuenta de que el mundo no es como nos gustaría que fuera. Una experiencia común, sin duda, pero muchas y diversas son las formas en que podríamos reaccionar.
Una persona se embarca en una cruzada quijotesca para cambiar el mundo. Un segundo da el mundo por perdido y se retira a cualquier muro protector que pueda erigir alrededor de sí mismo y de sus seres queridos. Un tercero adopta un enfoque «pragmático», aceptando el mundo tal como es y haciendo lo mejor que puede según las circunstancias. Una cuarta persona reconoce su incapacidad para afrontar la situación y recurre a un poder superior en busca de orientación y ayuda.
Algo como lo descrito en el párrafo inicial fue lo que experimentaron nuestros antepasados. Al séptimo día después de su liberación de Egipto vivieron un despertar intensamente brusco. Diez plagas devastadoras habían quebrantado la resistencia de los egipcios obligándolos a liberar a los hijos de Israel.
Después de dos siglos de exilio y esclavitud, los israelitas se dirigían hacia el monte Sinal y a su pacto con Dios. De hecho, este era el propósito declarado del Éxodo, como Dios le había dicho a Moisés: «Cuando saques a este pueblo de Egipto, serviréis a Dios en este monte». (Éxodo 3:12)
Pero de repente el mar apareció ante ellos y los ejércitos de Faraón se acercaban por detrás. Egipto estaba vivo y coleando; también el mar se desentendía del destino de la nación recién nacida.
¿Cómo reaccionó el pueblo? El midrash nos dice que estaban divididos en cuatro bandos. Hubo quienes dijeron: «Arrojémonos al mar». Un segundo grupo dijo: «Volvamos a Egipto». Una tercera facción argumentó: «Hagamos guerra a los egipcios.» Finalmente, un cuarto bando dijo: «Oremos a Dios». (cf. Mechilta sobre Éxodo 13:18)
Éste, dice el midrash, es el significado detrás de la respuesta que Moisés da al pueblo cuando lo confrontan por su situación. Como relata la Torá, Moisés le dice al pueblo:»Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que El Eterno hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.» (Exodo 14:13-14)
Moisés, explica el midrash, rechaza las cuatro opciones. «No temáis, estad atentos y ved la salvación de Dios» es la respuesta de Moisés a quienes habían desesperado ante la amenaza egipcia queriendo lanzarse al mar. «Como habéis visto a Egipto hoy, no los veréis más» está dirigido a quienes abogaban por la rendición y el regreso a Egipto. «Dios peleará por vosotros» es la respuesta a quienes deseaban luchar contra los egipcios. Y «hagan silencio» es el rechazo de Moisés a aquellos que decían: Todo esto está más allá de nosotros; todo lo que podemos hacer es orar. Entonces, ¿qué debe hacer el judío cuando está atrapado entre una turba hostil y un mar inflexible? «Habla a los hijos de Israel», dijo Dios a Moisés, «que ellos sigan adelante.»
¡Olvídate de regresar, olvídate de pelear, olvídate de orar! ¡Les ordenó meterse al agua!
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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