
Algo para Pensar (domingo, 26 enero 2025)
Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Hemos llegado a Parashat Bo, la decimoquinta porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá. Éxodo 10:1-13:16
Bo (“Ven”) relata las últimas tres plagas que Dios inflige a los egipcios: langostas, oscuridad y muerte de los primogénitos. Dios ordena a los israelitas ofrecer el sacrificio de un cordero de Pascua. Después de la última plaga, el Faraón y los egipcios exigen que los israelitas se vayan.
“Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas (חֹשֶׁךְ) sobre toda la tierra de Egipto, por tres días. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones.” (Éxodo 10:22-23)
Desde el principio de los tiempos, a partir de aquel momento cuando Adán se quejó a Dios de su soledad, el ser humano ha considerado su soledad como una experiencia dolorosa, incluso una maldición. Al hombre/mujer moderno le molesta de forma muy particular la soledad. A pesar de las grandes ciudades y gigantescas metrópolis, o quizá por causa de ellas, se siente terriblemente solo en el mundo. El silencio del universo y la indiferencia ante sus problemas le resultan insoportables. Está solo y no le gusta estar solo.
Tal vez sea este sentimiento de soledad lo que fue la esencia de la novena plaga que Dios envió sobre los egipcios y que hoy ocupa el foco de nuestra atención. El “hoshekh”, u oscuridad, impuso un aislamiento rígido y horroroso sobre los egipcios. El efecto de la plaga es descrito por la Torá (Éxodo 10:23) como, לֹא־רָאוּ אִישׁ אֶת־אָחִיו (“lo ra’u ish et ahiv”), “no se vieron unos a otros”. Toda comunicación entre el hombre y sus amigos cesó. No había familia, ni amigos, ni sociedad; estaba completamente privado de todo contacto con cualquier otro ser humano.
El efecto de este nivel de soledad es simplemente devastador. Veamos por lo menos tres de estos: Ansiedad y estrés, depresión y deterioro cognitivo, así como problemas de concentración. A todos estos «ingredientes» debemos añadir que ésta es la novena plaga que ha venido sobre Egipto. Así que, ¡no hay que hacer mucho esfuerzo para captar cuán desorientados deben estar los habitantes de este imperio!
Leer la opinión de Rabí Yehuda registrada en el midrash sobre la novena plaga es sorprendente. (Éxodo Rabá, Bo 14:2). Nuestros Sabios preguntaron: «meihekhan hayah hahoshekh hahu», «¿Cuál fue la fuente de esa oscuridad»? ¿De dónde vino? ¿Cuál es la naturaleza y origen de la soledad? El rabino Nehemías dio una respuesta aceptable: «meihoshekh shel gehenom» – la oscuridad que descendió sobre Egipto vino de la oscuridad del Gehenom, del inframundo. La soledad es una maldición, de ahí que su origen sea el lugar del castigo.
Pero la respuesta del rabino Yehuda es más sorprendente aún: «meihoshekh shel ma’ala, shene’emar ‘yashet hoshekh sitro’» — la fuente de esa oscuridad era del Cielo, porque está escrito (cf. Salmo 18:11) que «Dios habita en el secreto de la oscuridad!» ¡Qué origen tan inesperado para esta plaga: la morada de Dios! Así que, ¡la oscuridad viene del cielo!
Sorprendente, sí, pero con esta respuesta del rabino Yehuda tenemos una nueva perspectiva del problema de la soledad y, por tanto, de la condición del hombre en su conjunto. La oscuridad, entiéndase
la soledad, puede convertirse en la maldición de la soledad, como sucedió cuando atormentaba a los egipcios y separaba a cada hombre de su hermano, una soledad que impedía a uno sentir con el otro, compartir su dolor y su alegría, sus sueños y sus miedos.
De hecho, la oscuridad puede ser una plaga. Pero la misma oscuridad puede ser una bendición: puede ser digna de anunciar cercanía de la presencia de Dios mismo. Porque… la soledad significa privacidad, habla de esa preciosa oportunidad cuando un hombre escapa de la ruidoso bullicio de la vida y de las constantes exigencias de la sociedad, y en el íntimo aislamiento de su propio corazón y alma llega a conocerse a sí mismo y darse cuenta de que está hecho a imagen de Dios.
Por supuesto que la soledad puede ser dolorosa, pero… ¡también puede ser preciosa! Es que en el mundo de las dualidades, el «hoshekh» que puede significar una plaga para un hombre aíslado de los demás, privándolo de ver las necesidades de sus semejantes; este mismo «hoshekh« se vuelve divino cuando le permite a ese mismo hombre convertirse en algo más que un simple animal social, más que un simple miembro de un grupo, sino en un individuo pleno, maduro y único por derecho propio.
Y es que el resultado final dependerá del «equipo» al que tú pertenezcas: ¿»Juegas» para el equipo egipcio o para el israelita? Ambos grupos experimentaron las mismas tinieblas, PERO con resultados muy diferentes.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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