Algo para Pensar (lunes, 20 enero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 
¡Shavua Tov Lekulam!

“…yo os sacaré, os libraré, os redimiré y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios…” (Éxodo 6:6-7).

¿Alguna vez has jugado “Domino”? Si lo has hecho entonces debes estar familiarizado con la palabra “trancado.” La crisis del drama de la redención ha llegado a su punto de mayor tensión: “el juego está trancado.” 
He aquí el escenario: La voluntad de Dios, manifestada en su mensaje de redención, es bloqueada por los tres protagonistas humanos, entiéndase, el Faraón, los israelitas y por el propio Moisés. 
Se describe al Faraón y a los israelitas como “no escuchando.”  La fórmula “lo shama” (él no escucha), de hecho, se convertirá en el “lietmotiv” de la narrativa de las plagas. 


Repetidamente, la rendición por parte del Faraón a Dios será neutralizada por estas palabras. Esta sordera es inherente a la personalidad del Faraón. Pero también los israelitas, como acabamos de notar, son descritos en términos similares (6:9,12). Su sordera contrasta con la del Faraón solo en que se la explica como producto de “falta de espíritu y trabajo duro.” Lo que este diagnóstico pueda significar, así como la enigmática cualidad de la sordera del Faraón, son temas que exploraremos más adelante.

Pero antes de avanzar, permítanme subrayar que Moisés TAMBIEN pertenece a este complejo partido de quienes bloquean el mensaje de redención de Dios. En su protesta, en su irónica interrogación del relato de Dios, en su cuestionamiento de la “idoneidad del pueblo para la redención,” rechaza [Moisés] esencialmente el papel al que Dios lo ha llamado.


La médula de su negativa se puede identificar en estas últimas palabras: “Soy de labios incircuncisos.”  El poder e intensidad de esta aseveración se puede estimar tan pronto nos preguntamos por qué él decidió utilizar esta forma particular de lógica “kal vachomer,”  o sea, pasando de una conclusión menor a una mayor: 
Si los hijos de Israel no escucharon, ¿cómo puedo esperar que Faraón escuche? 


Un argumento más simple pudo haber sido aludir a la obstinación demostrada por el Faraón. Moisés y Aarón ya habían experimentado su sordera voluntaria. “¿Quién es Dios para que yo escuche su voz?” (5:2). De hecho, esta sordera generó, como hemos notado, un trágico endurecimiento de la esclavitud. ¿En virtud de qué se podía esperar que escucharía esta segunda vez? Se trataba simplemente de argumentar en base a lo que ya había sucedido. 


Pero éste NO es el argumento que utilizó Moisés. Sus palabras revelan su verdadero dolor con gran lucidez: es un “problema de audición” que lo acosa. Para decirlo de manera elemental, Moisés está diciendo: “¡No puedo hacer que me escuchen; tengo prepucio en mis labios!” Lo que está expresando es una frustrante sensación de impotencia: “Soy incapaz de comunicarme con ninguno de mis dos públicos; la evidencia es devastadoramente clara: ¡ni aún aquellos que tienen interés en escucharme me escucharán!”


La complejidad de la queja de Moisés adquiere resonancia adicional en la lectura de Sefath Emeth*(40). Aquí, se presenta a Moisés vinculando la “sordera” tanto del Faraón como la de los israelitas con sus propios labios “prepuciales”: “PORQUE no quisieron escuchar, POR ESO yo tengo labios prepuciales.” 


El hablar, afirmamos normalmente, crea oyentes (o no los crea). Aquí, se afirma la verdad inversa: es el oyente quien crea el acto del habla. El profeta profetiza en virtud de la atención [escucha] de su pueblo. Mientras no haya nadie que escuche la palabra de Dios, el lenguaje tartamudea impotente. En esta línea, Sefath Emeth lee el llamado profético: “Escucha, pueblo mío, que hablaré” (Salmo 50:7) — “Tu escuchar me permitirá hablar.” 


¿Profetiza el profeta si no hay quien le escuche?


La patología descrita aquí es lo que el Sefer haZohar llama el “Exilio de la Palabra.”  La dinámica del lenguaje, de la comunicación, ha fallado y por esta causa Moisés se resiste a cumplir con lo que Dios le está encomendando. 

De esto hablaremos en nuestra próxima edición. ¡Atentos!

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


Notas* Comentario monumental de la Torá del Rebe Yehuda Leib Alter de Ger, considerado uno de los pilares del pensamiento jasídico. El título del libro se basa en su último discurso, que terminó con Proverbios 12:19, «sefat emet tikon la’ad», que «los labios de la verdad serán establecidos para siempre».

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