Algo para Pensar – Primera Parte (Shabbat, 18 enero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!


«Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob.Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios.» (Éxodo 2:23-25)


Tenemos, entonces, un enigma sobre la «aptitud» y la posibilidad misma de un contexto humano para la redención. Un punto de inflexión en la narración se produce cuando, al final del segundo capítulo, muere el faraón. Aquí se utilizan cuatro sinónimos de llorar: «anacha», «za’aka», «shav’a», «na’aka». En respuesta, Dios – nunca mencionado hasta ahora – escucha, recuerda, ve y sabe. 


Hay una sensación de apertura violenta de los canales que unen a Dios y el mundo. Esto, en la experiencia humana, está señalado por un repentino estallido de lamentos, gritos, gemidos y aullidos, después del silencio de la primera fase de la narración. Desde el punto de vista de Dios, la narración describe un momento de transformación: Dios, en un instante, centra Su atención en ellos, «ya no esconde sus ojos,” como dice Rashi. 
Ramban comenta:


Ahora Dios los oyó y los vio, ya no ocultó de ellos su rostro…Y Dios supo «Porque yo conozco su dolor» (3:7). Porque aunque el tiempo del decreto de Dios (de esclavitud) había terminado, no eran aptos para ser redimidos, como encontramos claramente en Ezequiel 26. Sin embargo, fue sólo por su clamor que Él recibió su oración en Su compasión.
En este importante pasaje, Rambán define el punto de inflexión en la historia del Éxodo.

Basándose en Rashi, procede a leer los verbos que describen la atención de Dios al pueblo indicando que, hasta ahora, ha habido un «bloqueo» que impide la atención de Dios. Esta noción, atrevidamente antropomórfica – a la que Ramban alude utilizando la clásica forma de “ocultar Su rostro”– transmite de manera más enérgica la experiencia humana de ser abandonado por Dios.


Sufrir un trabajo extenuante y sin sentido, perder a nuestros bebés en el río, es conocer el mundo como uno en el que Dios realmente parece ciego, sordo, indiferente e ignorante. Ramban, sin embargo, da a la idea de la apatía de Dios un estatus que no es simplemente una proyección de la experiencia humana: tiene una fuerza objetiva, algo que «realmente» cambia en la relación de Dios con su pueblo. Cuando Él ya no esconde Su rostro, la historia cambia y la redención se torna posible.


Ramban describe este momento como lleno de tensión. Porque el pueblo no es «apto para ser redimido.”  En alguna escala de medida íntima y no descrita, en contraste con el paso objetivo del tiempo (los cuatrocientos años del decreto an Abraham han pasado), el pueblo está «inmaduro» para la redención. Ramban señala uno de los textos proféticos posteriores, en el que el pueblo judío tradicionalmente ha leído su insensibilidad, su profunda falta de preparación:


«entonces les dije: Cada uno eche de sí las abominaciones de delante de sus ojos, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy El Eterno vuestro Dios. Mas ellos se rebelaron contra mí, y no quisieron obedecerme; no echó de sí cada uno las abominaciones de delante de sus ojos, ni dejaron los ídolos de Egipto; y dije que derramaría mi ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos en medio de la tierra de Egipto. Con todo, a causa de mi nombre, para que no se infamase ante los ojos de las naciones en medio de las cuales estaban, en cuyos ojos fui conocido, actué para sacarlos de la tierra de Egipto.» (Ezequiel 20:7-9)


¡Estos versos contienen una explicación abrumadora y terriblemente aplastante!


Pendientes a la segunda parte que estaremos enviando en las horas de la tarde.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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