Algo para Pensar (martes, 14 enero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos)
¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron (וַיִּשְׁרְצוּ), y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra.» (Éxodo 1:7) 


¿Por qué Seforno decidió introducir el tema de la responsabilidad israelita para explicar el sufrimiento decretado por el Faraón? ¡Por supuesto que no hay una respuesta histórica inequívoca para esta pregunta! Así que, tal vez el valor de esta pregunta reside simplemente en que indica una opción interpretativa. 


Lo que sí podemos detectar es que Seforno ha construido una narrativa basada en el fracaso, la culpa y el castigo, mientras que el texto bíblico sólo está ofreciendo datos vinculados con el sufrimiento experimentado por el pueblo. Este enfoque no deja mucho espacio para otras formas de comprensión de la historia de las vidas de los individuos y de las naciones. 

Ante este tipo de escenario interpretativo adquiere importancia la investigación realizada por Lawrence Weschler, enfocada en la naturaleza del totalitarismo moderno titulada, “Calamities of Exile” (1996).En esta, señala que una posición que insiste en afirmar la responsabilidad propia por una situación dada, “tiene un valor heurístico:** [que] hace posible una política futura que de otro modo podría perderse en un insondable sentimiento de victimización y desesperación” (p.37).


Concentrarse y asumir la responsabilidad por los problemas propios crea un mundo emocional en el que el crecimiento interior se vuelve imaginable, posible. Al adoptar y adaptar esta visión al sufrimiento israelita, Seforno abre, por lo tanto, formas de comprensión difíciles de aceptar para algunas personas. 


Seforno nos invita a reflexionar sobre las formas en que la esclavitud, la persecución, la alienación — incluso aún cuando éstas sean producto de un “edicto divino» — son generadas por los seres humanos, en la libertad que les otorgan sus propias narrativas.  Y — en la misma línea— sobre los significados de la redención, el éxodo y la libertad. 


Al hacer esto, se ubica al lado de una tradición de comentaristas que leen la narrativa del Éxodo psicológica y/oespiritualmente, donde el punto de vista que se está tomando en consideración es el de la víctima que persigue comprender la redención, tanto en el sentido íntimo o particular, como en el político.


La forma peculiar de insuficiencia que destaca Seforno tiene relación con la ausencia de nombres y el anonimato. Los nombres con los que inicia la narración — y dan título — del libro son un indicador de pérdida, ya que la historia, casi desde su origen, comienza hablando de los sin nombre. 
Los padres de Moisés son notoriamente anónimos en la primera mención: un «hombre de la casa de Leví» y una «hija de Leví». La hija del faraón también es anónima. En conjunto, se presenta un mundo donde incluso los héroes carecen de rostro y no están individualizados.


El otro rasgo del «anonimato» que caracteriza el comienzo de la narración es el SILENCIO de todas las voces excepto la del faraón. Implícita en la lectura que hace Seforno de la modalidad del «y se multiplicaron» hay una visión de una etapa primaria, prelingüística, de evolución de masas de criaturas reptilianas en proliferación, que no responden al plan del faraón, sino que se mueven en un impulso obligado hacia el abismo. 


El lenguaje ha fallado, incluso el sufrimiento, el duro trabajo, la amargura de sus vidas no les provoca ninguna protesta, ni siquiera un gemido audible — ninguna expresión de conciencia, de memoria, de indignación o de esperanza. ¡¿Porqué el pueblo está en silencio?! ¿Qué es lo que los ha enmudecido?

En este silencio se subraya la paradoja de la fertilidad: «cuanto más eran oprimidos, más crecían (ken yirbeh) y se extendían, de modo que los egipcios se enfermaron de los israelitas» (1:12). Para los egipcios, hay algo repulsivo en la silenciosa fecundidad de este pueblo. Contrariamente a los patrones de comportamiento normales, el trato severo, el agotamiento y el peso insoportable de las cargas egipcias sólo sirven, aparentemente, para que se reproduzcan a un ritmo más acelerado.


Rashi comenta: «Este es el Espíritu Santo hablando: Tú dices: ‘Para que no crezcan’ (pen yirbeh – [1:10]), pero yo digo: ‘¡Así aumentarán!» (ken yirbeh)». La política de persecución, nos recuerda Rashi, está expresamente destinada a prevenir la fertilidad. Dios se opone a esto, dando paso a un choque frontal de intenciones. 


Para Rashi, el tiempo futuro (generalmente traducido como el pasado continuo: «Para que aumenten») es la inaudita frase idiomática de Dios, cuyas palabras dan significado al silencioso y apabullante surgimiento de la reproducción masiva israelí. ¡Los egipcios no pueden detener la multiplicación del pueblo israelita!


En el mundo de Egipto, sin embargo, las intenciones divinas buscan ser silenciadas, no encuentran resonancia; sólo un lector alerta del comentario midráshico puede responder al juego voluntario de los tiempos verbales utilizados en el texto: «Veamos qué palabra se mantiene. La Mía o la tuya…», añade la fuente midráshica de Rashi (cf. Shemot Raba 1:12). 


El lenguaje humano presente en el monólogo contra la vida por parte del faraón, es desafiado por la insólita palabra de Dios, que actúa a través de la carne inconsciente de lo que está sucediendo tras bastidores entre las mujeres y los hombres hebreos.


¿Quiénes levantarán su voz y responderán al faraón? Esto, lo atenderemos en la reflexión que escribiremos mañana.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Notas** La heurística (en griego antiguo: εὑρίσκειν, romanizado: heurískein), que significa «hallar, inventar» (el pretérito perfecto de este verbo es eureka), aparece en más de una categoría gramatical. Cuando se usa como sustantivo, se refiere a la disciplina, el arte o la ciencia del descubrimiento.

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