Algo para Pensar – Segunda Parte (Shabbat, 11 enero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shabbat Shalom Lekulam!


“Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, (יפקד) y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob. E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.” (Génesis 50:24-25)


Atendamos un detalle muy importante antes de iniciar nuestro análisis para hoy. Se trata de lo siguiente:


La raíz hebrea P-K-D tiene un matiz muy particular que significa “recordar el destino individual.” Este mismo lenguaje del destino es el que se invoca o se utiliza en la historia del Éxodo (Éxodo 13:19) cuando Moisés recoge los huesos de José para sacarlos de Egipto y llevarlos a Canaán. El destino del pueblo se ha cumplido gracias al cambio de rumbo en la mentalidad de José; José llevó a su familia al exilio egipcio y aun después de muerto necesita sacarlos y salir con ellos de allí.


Para el momento cuando Jacob muere, José tiene cincuenta y seis años de edad. Después de esto, José vivirá otros cincuenta y cuatro años, vive confiado en su creencia de que está cumpliendo su papel divino de asegurar el futuro económico y el bienestar de su familia en Egipto, esto hasta poco antes de su muerte.


El anciano José tiene la oportunidad de ver el panorama de su vida y el de su familia. José, el hombre del futuro, se percata de elementos extraños que pasó por alto y comienza a reflexionar sobre su pasado y un futuro diferente. Las conversaciones que tuvo con su padre antes de su muerte no han dejado de perseguirlo. 


José se pregunta: “¿Podrá ser que mi padre tuviera razón y que yo, cegado por mi éxito, no me di cuenta de lo que para él era tan claro?” Aunque José nunca dice estas palabras, antes de morir hace algo medularmente importante: convoca a sus hermanos y hace una declaración donde establece la certeza de que Dios los sacará de Egipto. José finalmente ha comprendido y le exige a sus hermanos, como su padre le exigió a él décadas antes, que re-evalúen dónde está su futuro: no en Egipto, sino en el regreso a la tierra prometida del pacto.


Cuando José rechaza la petición inicial de su padre de tener a Menashe y Efraín, enfatiza que ellos son los hijos que Dios le había dado “en este lugar” (bazed). Ahora que José entiende que el futuro no está en Egipto, pide a sus hermanos que saquen sus huesos “DE este lugar” (mizeh). Así como Abraham, en su vejez, acepta a Isaac como hijo del pacto, y así como Isaac, en su vejez, reconoce su error en cuanto a la elección del sucesor del pacto, José, en su vejez, también acepta su error al rechazar el pasado en favor del brillo ilusorio del futuro en Egipto.


José asume la responsabilidad de sus bisnietos tal como Jacob tomó a Menashé y Efraín bajo sus alas. Más adelante en la Torá, somos testigos del impacto de la tutela de José cuando las hijas de Tzelofhad, quien es descendiente del mismo Makhir de Menashe, le piden a Moisés una porción de la Tierra Prometida: «¿Por qué el nombre de nuestro padre debería ser disminuido?» argumentaron, porque murió antes de tener la oportunidad de entrar a la tierra (Números 27:1-11). 


Su deseo de que el nombre de su padre sea consagrado en la Tierra Prometida es un testimonio de que José adoptó la misión de Jacob. José levanta cuatro generaciones con este espíritu, tal como Dios le prometió a Abraham en el Pacto entre las Partes que la cuarta generación regresará a la tierra, José no sólo se convierte en un creyente en la tierra, sino que también se hace garante del pacto. Por lo tanto, es apropiado que Josué, un efraimita, que lidera la conquista israelita de la tierra, también sea un descendiente de José.


Como guardián de ese pacto, José necesita hacer más que simplemente enseñar a sus propios hijos y nietos. Como hace Jacob con él, insiste en que sus hermanos presten juramento: «Dios se acordará de tu destino y te sacará de esta tierra; saca de aquí mis huesos» (50:25) José, como su padre y toda la realeza egipcia son momificados. Él está consciente de lo que le sucederá, pero pide que «sus huesos» sean sacados y enterrados nuevamente en la tierra de sus ancestros. Esto sugiere, que así como Jacob rechazó un entierro egipcio, José tardíamente desea hacer lo mismo.


Al final, mucho después de la muerte de Jacob, José finalmente internalizó el mensaje de su padre. El futuro no está en Egipto; está en la tierra única, ancestral, prometida. Esta tierra representa no sólo el pasado, sino también el futuro. Esta tierra es más que simplemente un lugar. Es el símbolo del destino de una familia elegida por Dios para una misión, una misión que espera ser cumplida desde el comienzo de la Creación y del tiempo.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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