Algo para Pensar (viernes, 10 enero 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
«Rama fructífera es José, Rama fructífera junto a una fuente, Cuyos vástagos se extienden sobre el muro. Le causaron amargura, le asaetearon, y le aborrecieron los arqueros; mas Su brazo se mantuvo poderoso, Y los brazos de sus manos se fortalecieron Por las manos del Fuerte de Jacob. Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel» (Génesis 49:22-24).
Jacob aprovecha una última oportunidad para transmitir su mensaje. En su lecho de muerte, bendice a todos sus hijos. Cuando llega el turno a José, después de identificar las abundantes bendiciones que ya le han sido otorgadas, así como sus problemas con aquellos que lo despreciaron, Jacob invoca a su propio Dios y Protector además del Dios de sus antepasados, sugiriendo que la bendición que Dios ha dado a Abraham va aumentando sucesivamente con cada generación siendo José el clímax de esta progresión.
Jacob intenta conscientemente hacer entender que el éxito de José NO es producto de sus ingeniosas capacidades, sino parte de un plan divino de mayor envergadura, en el que José simplemente es una continuación en lugar de un alejamiento dramático del mismo. Concluye sus comentarios invocando a los antepasados de José como corona sobre su cabeza. Jacob no se da por vencido; intenta una última vez convencer a José de que el futuro está en abrazar su historia de alianza en lugar de abandonarla.
Sin embargo, incluso después de su último mensaje a José, Jacob sigue sin estar convencido de que éste cambiará su posición.
El juramento de José a Jacob no apacigua la preocupación de nuestro patriarca, y el encuentro posterior con Menashe y Efraín confirma el temor de Jacob. Jacob no descansará hasta saber que ha agotado todas las posibilidades. Después de bendecir a sus hijos individualmente, Jacob les da instrucciones a todos como clan:
“Les mandó luego, y les dijo: Yo voy a ser reunido con mi pueblo. Sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo, en la cueva que está en el campo de Macpela, al oriente de Mamre en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Efrón el heteo, para heredad de sepultura. Allí sepultaron a Abraham y a Sara su mujer; allí sepultaron a Isaac y a Rebeca su mujer; allí también sepulté yo a Lea. La compra del campo y de la cueva que está en él, fue de los hijos de Het.” (Génesis 49:29-32)
Jacob ya le ha hecho jurar a José que cumplirá su petición. ¿Por qué necesita hacer lo mismo con el resto de sus hijos? Sin duda, se podría argumentar que quiere que se sientan integrados en el proceso, pero es igualmente probable que todavía no sepa si puede confiar en que José lo pondrá en ejecución, por lo que les da instrucciones a todos juntos, incluido José.
Una lectura más atenta de la petición de Jacob revela un enfoque más nítido en las cuestiones planteadas anteriormente con José, así como algunas omisiones significativas. Se refiere DOS veces a la compra de Abraham, DOS veces al hecho de que sus antepasados fueron enterrados allí, TRES veces a la cueva del entierro y CUATRO veces al campo. En este discurso falta el rechazo explícito de Egipto, que Jacob menciona DOS veces en su petición anterior a José.
La alusión que Jacob hace de Macpela como un cementerio familiar con una historia de tres generaciones, tiene como objetivo fortalecer el vínculo con el pasado, desarrollando y agudizando la idea que planteó, brevemente a José. De manera similar, la referencia a la compra de la tierra por parte de Abraham tiene como objetivo fortalecer y profundizar los vínculos con este terreno ancestral.
Frente a sus demás hijos no necesita rechazar Egipto, ya que todos son extranjeros en este país, pero sí notamos que el rechazo a Egipto aparentemente es reemplazado por una polémica más sutil y oculta contra los lugares de enterramiento egipcios. En Macpela no hay monumentos ni nada sobre la superficie terrestre que llame la atención. En cambio, hay un campo con una cueva, un entierro subterráneo. El mensaje de Jacob sigue siendo coherente, incluso cuando su formulación haya cambiado: la forma de vida egipcia NO es la forma de vida para su clan.
Este es el último intento de Jacob para asegurar el futuro del pacto, concluyendo con una larga narración. La primera vez que oímos hablar de la muerte inminente de Jacob es en 47:28: «Jacob vivió en Egipto diecisiete años; el total de años de la vida de Jacob fue 147 años». Cuando leemos el versículo paralelo al final de la vida de Abraham (25:7), el verso siguiente habla de la muerte de Abraham.
Pero Jacob aún no está preparado para morir. Convoca a José, toma a los hijos de José como suyos, los bendice con mensajes no tan sutiles sobre Canaán, bendice a José de manera similar y finalmente instruye al resto de sus hijos sobre su entierro. Todo esto es parte del esfuerzo desesperado de Jacob. Sólo cuando ha agotado todas las vías «lleva sus pies a la cama» y muere (49:33), algo que esperábamos dos capítulos antes.
Trágicamente, Jacob muere abrazado por la incertidumbre, sin saber si tuvo éxito. Y nosotros, los lectores, también estamos en suspenso.
¿Qué sucederá?
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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