Algo para Pensar (domingo, 29 diciembre 2024) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
Esta semana vamos a estudiar Parashat Vayigash. Esta es la undécima porción semanal de la Torá en el ciclo judío anual de lectura de la Torá.
Porción de la Torá: Génesis 44:18 – 47:27
Vayigash (“Y se acercó”) comienza cuando Judá le ruega a José que no mantenga a Benjamín prisionero. José llorando y besando a sus hermanos revela su verdadera identidad. Los hermanos llevan a Jacob de Canaán a Egipto, y Jacob y sus hijos se establecen en Gosén. La porción termina cuando José compra la mayor parte de la tierra de Egipto a cambio de comida.
«Aconteció en aquel tiempo, que Judá se apartó (וירד) de sus hermanos, y se fue a un varón adulamita que se llamaba Hira. Y vio allí Judá la hija de un hombre cananeo, el cual se llamaba Súa; y la tomó, y se llegó a ella.» (Génesis 38:1-2)
Evidentemente, el escritor de la Torá decidió que debía hacer una digresión.** ¿Se le habrá olvidado incluir algo que de repente recordó, y estimando que se trata de algo muy importante, determinó que debe divulgarse? ¿De qué hablamos? Veamos….
Mientras nos mantenemos enfocados analizando la trayectoria de José hacia y en Egipto, pasamos por alto una importante narración intercalada entre la venta de José y su llegada a este país; interrumpiendo de manera discordante el flujo de la narrativa de José, nos referimos a la historia de Judá.
En realidad, esta historia se desarrolla por un largo período de tiempo, ciertamente más de una década y probablemente más cerca de los treinta años que de los diez.
Ibn Ezra (38:1) calcula el tiempo mínimo necesario para que se desarrolle esta historia, concluyendo que supera con creces los veintidós años que José estuvo lejos de su familia. Es obvio que este relato, no sólo está fuera de lugar en términos temáticos, sino también cronológicamente. Y he ahí la importancia del mismo.
Judá ha tomado una decisión radical: deja a su familia ancestral para formar la suya propia. Se casa con la hija anónima de un cananeo llamado Súa, ella le da tres hijos: Er, Onán y Shela. Judá casa a su hijo mayor, Er, con una mujer llamada Tamar, pero Er al poco tiempo muere sin tener hijos.
A Er se le describe como malvado (רע, ra) a los ojos de Dios, a través de un sutil juego de palabras con su nombre, siendo el caso que éste (ער) y el adjetivo (רע) son las mismas letras, pero invertidas.
El segundo hijo, Onán, es llamado a «defender el nombre de su hermano» mediante alguna forma de matrimonio por levirato (esta práctica estaba muy extendida incluso antes del mandato explícito de la Torá), pero Onán, consciente de que la semilla «no será suya,» decide derramar su semen en la tierra.
Dios, enojado con Onán, lo mata también. Judá, quien no está preparado para que su último hijo sufra el destino de los primeros dos, le dice a Tamar que espere a que Shela tenga la edad suficiente para cumplir con sus deberes de levirato, aunque en realidad su intención es la de nunca casarlo con Tamar.
El matrimonio de Judá con una cananea es en sí mismo terriblemente problemático, y simultáneamente emblemático de la ruptura de los vínculos con su familia biológica. Significa entonces que, ¿podemos concluir que la separación por parte de Judá del tabú originado por Abraham comunica su determinación de abandonar su clan?
Si este es el caso, entonces ha sucedido algo terrible: Judá ha rechazado a Jacob y el pacto. A diferencia de sus hermanos mayores, la rebelión de Judá contra Jacob NO es para competir por el liderazgo de la familia sino para iniciar un nuevo clan.
En este momento, el plan de Judá requiere que se enfoque sustancialmente en las implicaciones de la muerte de sus dos hijos mayores y en su negativa a permitir que el tercero se case con la viuda, a quien culpa de las muertes de Er y Onán.
Sin embargo, al impedir que Shela se case con Tamar, también le está negando el matrimonio a Shela con cualquier otra mujer, porque cuando él esté listo para casarse, con quien está obligado a casarse es con Tamar.
En su esfuerzo por proteger al hijo menor, virtualmente está condenando a su deseada nueva familia a la extinción. Se alejó de su padre para formar su propio clan y ahora se encuentra en un «callejón sin salida» sin dos de sus hijos y viudo.
El nombre del hijo menor de Judá — «Shela» — proviene de una raíz que significa engañar, exactamente lo que Judá le está haciendo a Tamar. Se describe a Ju como estando en Keziv cuando Shela nace. Y aunque Keziv podría ser el nombre de un lugar, también significa engañar o decepcionar.
Como hemos visto, la primera mitad de la historia apunta al gran chasco que sufrió Judá, su engaño a Tamar y a la repentina muerte de su esposa. Suceso que servirá de preámbulo a nuestra próxima reflexión.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas** Acción y efecto de romper el hilo del discurso y de introducir en él cosas que no tengan aparente relación directa con el asunto principal.
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