¿Hasta cuándo seguirán luchando nuestros soldados?
2024-06-26 • Natán Lopes Cardozo
Rabino Yojanan ben Zakai y la “Patria Portátil”
En una fascinante narración del tratado talmúdico de Gitin (56b), se nos dice que el rabino Yojanan ben Zakai, el líder del pueblo judío en el momento de la invasión del Imperio Romano, se enfrentó a una cuestión de vida o muerte. Vespasiano, que pronto se convertiría en el nuevo emperador romano, había llevado a los judíos al agotamiento total después de años de intensas batallas. Jerusalén estaba sitiada, la gente moría, había hambre y la desesperación se había apoderado de la comunidad judía. En cualquier momento el (Segundo) Templo sería destruido. No había manera de que los judíos pudieran deshacerse del enemigo, y sólo quedaba una pregunta: ¿Se rinden y salvan todo lo que se pueda salvar, o luchan hasta la muerte sin esperanza ni futuro?
El rabino Yojanan tomó una decisión crítica, una que salvaría al judaísmo y enviaría un gran mensaje a todos los futuros judíos. Pidió reunirse con Vespasiano. Siguiendo el consejo de su sobrino Aba Sikra, los discípulos de Rabí Yojanán lo escondieron en un ataúd, lo sacaron clandestinamente de la ciudad sitiada y lo llevaron ante el futuro emperador. Cuando se le preguntó por qué había ido a ver a Vespasiano, el rabino Yojanán respondió que los judíos estaban dispuestos a rendirse, con una condición: «Dame a Yavne y sus Sabios». La ciudad de Yavne era conocida por ser el hogar de muchos sabios influyentes, el centro del aprendizaje judío y la sede de una destacada corte rabínica.
Parecía una petición menor y Vespasiano aceptó, pues no veía ningún daño en una petición tan humilde. Lo que no sabía era que este acuerdo finalmente llevó a que los judíos sobrevivieran a los romanos miles de años. Los judíos que se opusieron a esta capitulación ante Roma tampoco se dieron cuenta de que el acuerdo del rabino Yojanán con Vespasiano no era un signo de debilidad, sino de hecho un acto heroico que finalmente condujo a una gran victoria.
El rabino Yojanan entendió que la supervivencia judía no dependía de su posesión de la tierra de Israel, ni siquiera de un ejército, sino de una identidad y una ideología. En el caso de cualquier otra nación, la posesión de territorio sería crucial para su supervivencia. Pero para el pueblo judío este no fue el caso. Aunque el rabino Yojanan no negó la centralidad de la tierra de Israel, sabía que los judíos podían seguir siendo un pueblo incluso sin tierra. Sería peligroso y estaría lejos de ser ideal. Causaría un daño sin precedentes y llevaría al pueblo judío al límite de su capacidad de sobrevivir. Pero si fuera necesario, podría funcionar.
La patria portátil
Sin embargo, esto requirió una revolución en el pensamiento que pondría patas arriba al pueblo judío. Necesitaba la creación de lo que Heinrich Heine llamó una “patria portátil”. Esta “patria” iba a ser creada a partir de los mismos componentes de los cuales se hizo el pacto original con Dios: la Torá. El pueblo judío podría llevar este país portátil —en la forma del texto bíblico— a las tierras del exilio.
El rabino Yojanan se dio cuenta de que no era tanto el amor a la tierra lo que motivaba a los judíos a mantener su identidad como judíos, sino más bien su continua historia de amor, una de las más grandes de todos los tiempos, con un solo texto.
Aún así, el texto plano por sí solo no lograría este objetivo. Fue el diálogo constante con este texto lo que transformaría a los judíos en un pueblo eterno. Fue la interpretación duradera del texto la que garantizaría la capacidad de Israel para vencer a todos sus enemigos. Mientras los judíos siguieran estudiando este texto, el pueblo judío sobreviviría, incluso en el exilio.
Pero se necesitaba aún más. Los judíos de todas las generaciones necesitarían entablar una conversación con los grandes Sabios del pasado. Discutían con ellos como si estuvieran vivos, como si estuvieran sentados a sus pies en las grandes academias talmúdicas y estudiando sus textos. Sin tierras e impotentes, habitarían un universo mental donde los horizontes en el espacio y el tiempo serían más vastos que la suma total de los imperios de sus enemigos.
Fue esta comprensión la que impulsó al rabino Yojanan a «entregarse» a Vespasiano. Sabía muy bien que esto conduciría a una victoria sin precedentes, un logro que sobreviviría al Imperio Romano y, en última instancia, traería a los judíos de regreso a la Tierra de Israel. Fue por esta razón que pronunció sus históricas palabras: «Dadme a Yavne y sus Sabios». Al obtener esta concesión de Vespasiano, no sólo salvaguardó la Torá y sus Sabios, sino, sobre todo, al pueblo de Israel. Al sentar las bases de la patria portátil de los judíos, de hecho había garantizado su glorioso futuro.
Aún así, el rabino Yojanan ben Zakai entendió que simplemente leer el texto no era suficiente para asegurar la supervivencia de Israel. Este compromiso debe integrarse con la vida cotidiana. A diferencia de las grandes academias de Grecia, el estudio teórico no era cómo prevalecerían los sabios de Yavne. El rabino Yojanan comprendió plenamente que la filosofía griega sólo podía llegar a un cuerpo limitado de estudiantes de élite. Más importante aún, sabía que la filosofía era verdad pensada pero no verdad vivida. Al darles a los sabios de Yavne la oportunidad de continuar estudiando y enseñando, Rabí Yojanán se aseguró que lo que enseñaban fuera también, y sobre todo, lo que ellos y sus alumnos vivieran. Se asegurarían de que “lo que debería ser” se convirtiera en “lo que es”. La integridad de los Sabios de Yavne garantizó que los judíos nunca sucumbirían a la bancarrota moral como lo hicieron los griegos y otros, que enseñaban ética y derecho pero no las vivían. No era filosofía lo que enseñaban los Sabios, sino la vida; no la fe enseñada, sino la fe vivida.
Un mensaje para nuestros tiempos
En estos días difíciles, es importante recordar el mensaje de Rabí Yojanán.
Los israelíes debemos darnos cuenta de que nuestra conexión con nuestra tierra es sui generis, completamente única y en total contradicción con la forma en que otras naciones se relacionan con sus países de origen. La mayoría de las naciones entraron primero en su tierra y sólo entonces crearon sus leyes. Pero las leyes de Israel, en la forma de la Torá, fueron dadas en el desierto, donde se les dio el mandamiento de heredar su tierra. La ley dio origen a la tierra y a su nación, y no al revés.
Incluso cuando los judíos perdieron sus tierras, todavía tenían su ley –su patria portátil– que llevaron a todos los rincones del mundo. Esta es la razón por la cual el pueblo judío, a diferencia de todas las demás naciones, sobrevivió durante casi dos mil años en países extranjeros, sobreviviendo a todos sus enemigos.
Durante demasiado tiempo, muchos de nosotros les hemos dicho a nuestros hijos que ser soldado israelí es el pináculo del judaísmo y el sionismo. La verdad es que no lo es, y nunca lo fue. El pináculo del judaísmo es darnos cuenta de que tenemos una misión santa. No es la tierra como tal lo que debemos defender. Necesitamos internalizar la comprensión de que nuestro destino es ser la participación de Dios en la historia humana y ser una inspiración para el mundo. Y la mejor manera de hacerlo es aferrarnos a nuestra tierra. La tierra es un medio, no un fin en sí misma.
Qué triste cuando los judíos se extravían en la mayor misión jamás encomendada a la humanidad, creyendo que podemos conservar un territorio sin esta misión. No podemos. Ni siquiera con el mejor y más moral ejército del mundo podríamos permanecer en nuestra tierra si olvidamos nuestra gran misión. Esta es la lección que nos enseñó Rabí Yojanán ben Zakai.
Después de ganar esta guerra, el próximo gran desafío que enfrentará el Estado de Israel será la posibilidad de que algún día sus soldados se nieguen a servir y defender a este país. ¿Hasta cuándo podremos depender del ejército israelí si sus combatientes no se dan cuenta de por qué luchan? ¡Es importante que sepan que están defendiendo una idea y una misión santa que supera con creces la defensa de un pedazo de tierra! Por ahora, claramente lo saben, pero ¿por cuánto tiempo continuará así?
No hay ningún reclamo israelí sobre la tierra. Sólo puede haber un reclamo judío. Y esta afirmación sólo puede persistir mientras sus defensores crean en la misión de Israel, el pueblo judío, y estén dispuestos a morir por ella.
Una vez terminada esta terrible guerra, el gobierno de Israel debe darse cuenta que, al negar a grandes segmentos de su pueblo una educación judía adecuada e inspiradora, corre el riesgo de sufrir una tragedia. Si continúa por este peligroso camino, traerá otro exilio incluso en su propia tierra.
Como escribió Abraham Joshua Heschel: El pecado más grave para un judío es olvidar lo que representa. Ser judío es trágico o santo. ¡Quë sea santo!
Traducción: drigs, CEJSPR
06/27/2024




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