Di Zahav – Demasiado oro

Por Rav Kook

Traducción y/o paráfrasis: drigs, CEJSPR

¿Qué es Di Zahav?

Deuteronomio comienza con una descripción detallada del lugar donde Moisés pronunció sus discursos finales:

“Estas son las palabras que Moisés habló a todo Israel en la orilla este del río Jordán… cerca de Parán, Tofel, Laván, Jazeroth y Di Zahav”. (Deuteronomio 1:1)

¿Por qué necesitamos saber la ubicación precisa de las oraciones de Moisés? Los Sabios explicaron que cada uno de estos nombres tenía un significado especial, y una reprimenda velada, para quienes escuchaban. ‘Di Zahav’, por ejemplo, era un recordatorio del pecado del becerro de oro (zahav que significa ‘oro’).

Sin embargo, según una opinión, el nombre Di Zahav también indicaba una justificación del comportamiento del pueblo judío:

“¿Qué es Di Zahav? Esto es lo que Moisés le dijo a Dios: ‘¡Amo del Mundo! Es por toda la plata y el oro que derramaste sobre los israelitas, hasta que dijeron: ¡Dai! [¡Basta!] — eso es lo que los llevó a hacer el Becerro de Oro.’ [1] (Berajot 32a)

¿Conoces a alguien que tuviera suficiente dinero y se negara a aceptar más?

El impulso humano por más

La base de servir a Dios es nuestro impulso natural para continuamente avanzar y lograr algo. La meta de la vida es estar cerca de Dios, cuya perfección es ilimitada. Por lo tanto, debemos perfeccionarnos continuamente para acercarnos a Dios. Por supuesto, esta aspiración nunca puede alcanzarse por completo. Nunca somos capaces de decir: “¡Basta! Lo he logrado todo”. Cada logro nos hace conscientes de desafíos y metas aún mayores.

Para conducirnos por este camino de crecimiento constante, Dios plantó en el alma humana el impulso incesante de buscar siempre más. Como señaló Salomón: “El alma nunca se saciará” (Ecl. 6:7). Este impulso también nos apremia respecto a las adquisiciones materiales: “El que ama la plata nunca se sacia de plata” (Ecl. 5, 9). Nuestro impulso es una indicación de que solo podemos alcanzar nuestras verdaderas metas a través del crecimiento espiritual continuo.

Aspiraciones limitadas

Cuando los israelitas peregrinaron por el desierto, todas sus necesidades físicas fueron atendidas. Sacaron agua del pozo de Miriam, maná cayó del cielo y sus vestidos nunca se gastaron. En esta situación, tenían poco que ganar buscando posesiones y riquezas adicionales. Sería más carga para llevar. El impulso natural del alma fue suprimido artificialmente, de modo que cuando los israelitas recibieron más plata y oro de lo que jamás podrían necesitar, su respuesta fue: «¡Basta!»

Esta fue la defensa de Moisés a favor del pueblo israelita. Su existencia única en el desierto, donde todas sus necesidades fueron provistas milagrosamente, sofocó el deseo natural de su alma por más. Dependientes de los dones del Cielo, carentes de desafíos y metas, se volvieron satisfechos e indolentes. Y esto impactó sus aspiraciones espirituales.

Como su impulso natural de avanzar se debilitó, los israelitas se volvieron hacia metas espirituales más fáciles de alcanzar. Y esto es lo que los llevó al Pecado del Becerro de Oro.

¿Cuál es la raíz de la idolatría? Es el deseo psicológico de adherirse a algo más cercano a nosotros, algo tangible y finito. Es la elección de no buscar lo infinito y sin límites, sino tomar la ruta más fácil, contentarse con adorar una fuerza que es fácil de identificar y con la cual relacionarse.

Esta forma aberrante de espiritualidad convenía a un pueblo con aspiraciones limitadas. Esto es lo que Moisés le dijo a Dios: “Di Zahav”, es por toda la plata y el oro que derramaste sobre los israelitas, hasta que dijeron: “¡Basta! Eso es lo que hizo que bajaran la vista y adoraran al Becerro de Oro”.

NOTAS

1 El Midrash interpreta el nombre Di Zahav como «dai zahav» – «suficiente oro».

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