
Algo para Pensar — Parasha Tazria-Metzora (domingo, 12 abril 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)
¡Shavua Tov Lekulam!
Esta semana estudiamos Parashá Tazria-Metzora. Esta es la vigésima séptima y vigésima octava porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá. En esta ocasión se estudian unidas dado que es año no bisiesto.
Porción de la Torá: Levítico 12:1-15:33; Números 28:9-15
Tazria (“Ella da a luz”) comienza describiendo el proceso de purificación de una mujer después del parto. Luego describe diferentes formas de tzaraat (una condición de decoloración en la piel o la ropa), y el requisito de que una persona infectada viva sola fuera del campamento y sea inspeccionada por un sacerdote.
Metzora comienza describiendo el proceso de purificación y los sacrificios que lo acompañan para una persona infectada con tzaraat (una condición de decoloración en la piel). Luego describe el proceso de tratamiento de una casa infectada con tzaraat y la impureza ritual generada por ciertas secreciones corporales.
“Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando una mujer conciba y dé a luz un varón, quedará en estado de impureza durante siete días; como en los días de su menstruación, será impura” (Levítico 12:2).
El acto de traer un hijo/a al mundo encierra una profunda paradoja.
Por un lado, pocas experiencias igualan la alegría del nacimiento. El primer mandato dirigido a la humanidad es “ser fructíferos y multiplicarse” (Bereshit 1:28). Engendrar vida es la forma más elevada de creatividad humana: así como Dios crea el universo, el ser humano participa en la creación de la humanidad.
Pero, al mismo tiempo, la Torá enseña que la mujer que da a luz entra en un estado de teme’ah, de impureza ritual, y debe presentar una ofrenda hattat en el Templo (Vayikra 12:1-8).
A simple vista, esto es desconcertante. ¿Cómo puede la expresión más sublime de creatividad desembocar en impureza?
La impureza ritual suele asociarse con la muerte; cuanto más cercano es nuestro contacto con un cadáver, mayor es el grado de impureza. Aunque hoy estas leyes no se aplican en su dimensión práctica por la ausencia del Templo, la pregunta permanece: ¿por qué la Torá considera impura a una mujer después de dar a luz, si el nacimiento es lo opuesto a la muerte?
Sin embargo, una reflexión más profunda revela que el nacimiento también introduce la presencia de la muerte en el escenario humano. Todo niño/a que llega al mundo, inevitablemente, algún día morirá. Y mientras más vidas nacen, más evidente se hace la certeza de la muerte.
El nacimiento, entonces, nos sitúa frente a una contradicción esencial. Celebramos la llegada de un hijo/a, pero esa misma vida que hoy nos llena de gozo será, con el tiempo, fuente de sufrimiento. La muerte de quien un día nos colmó de felicidad se convierte en una herida inevitable.
Además, cada nacimiento abre la posibilidad a nuevas fuentes de sufrimiento: enfermedades, dolores, tragedias personales o incluso calamidades colectivas como la guerra. Todo esto forma parte del riesgo inherente de traer un ser humano al mundo.
De ahí surge una pregunta inquietante: ¿qué sentido tiene tener hijos? Incluso podríamos cuestionar si debería permitirse la procreación, cuando su desenlace final es la muerte. ¿Por qué Dios ordena a la humanidad multiplicarse si ello conduce, tarde o temprano, al sufrimiento y eventual muerte? ¿Nacer para morir? ¿No es absurdo?
Desde una mirada estrictamente secular, podría sostenerse que procrear es moralmente problemático. Evitar el nacimiento de nuevos seres humanos parecería evitarles dolor. ¿Será que la única razón para tener hijos/as sea que es un mandato divino?
Cuando personas sin creencias religiosas sienten un deseo profundo de tener un hijo/a, ¿de dónde proviene ese impulso? Si contradice la lógica, ¿no podría interpretarse como una voz interior de origen divino?
Hay algo en la vida que supera cualquier razonamiento. Como escribió Samuel Butler: “Vivir es como amar; toda la razón está en contra, y todo el instinto sano a favor.” (Higgledy-Piggledy, Notebook [1912]).
¿Paradójico?
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


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