Algo para Pensar — Parasha Shminí(viernes, 10 abril 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Y respondió Aarón a Moisés: He aquí hoy han ofrecido su expiación y su holocausto delante de El Eterno; pero a mi me han sucedido estas cosas, y si hubiera yo comido hoy del sacrificio de expiación, ¿sería esto grato a El Eterno? Y cuando Moisés oyó esto, se dio por satisfecho” (Levítico 10:19-20).

Aarón respondió a Moisés diciendo que, aunque ese día se habían presentado la expiación y el holocausto ante El Eterno, él había atravesado circunstancias difíciles, y que comer del sacrificio en ese estado no habría sido apropiado ante Dios. Al escuchar su explicación, Moisés aceptó su razonamiento.

Este episodio muestra el choque entre dos dimensiones fundamentales: la verdad estricta frente a la compasión; la justicia frente a la paz.

Moisés, como portador de la Torá — la expresión más pura de la verdad divina  —, no veía motivo para diferenciar entre lo sagrado que responde a un momento excepcional y lo sagrado que forma parte de la práctica habitual. Para él, lo correcto es siempre correcto, sin importar el contexto.

Aarón, en cambio, como sumo sacerdote y representante del pueblo en su acercamiento a Dios, entendía que el servicio divino surge de la totalidad de la experiencia humana. 

Cada persona ofrece lo mejor de sí, pero ese “mejor” varía según las circunstancias. Hay días de claridad y elevación, y otros de dolor o confusión; no se debe exigir el mismo nivel espiritual en todos los momentos.

Ahí reside la tensión central:

Moisés encarna la verdad absoluta y la voluntad divina, firme e inmutable. Aarón encarna el esfuerzo humano por alcanzar esa verdad con herramientas imperfectas: una mente limitada, un corazón cambiante y acciones condicionadas por la realidad.

El desenlace es revelador: Moisés acepta la postura de Aarón. La verdad absoluta reconoce la validez de las verdades relativas que nacen de la condición humana.

¿Cómo se resuelve esta aparente contradicción?

Moisés llega a una comprensión más profunda de lo que significa “verdad”.


En nuestra experiencia cotidiana, usamos el término para hablar de sentimientos auténticos, deseos sinceros o de hechos que creemos haber entendido con claridad. 

Pero si la verdad se define como algo absoluto, parecería que solo la verdad divina merece ese nombre, y que todo lo demás es ilusión.

Sin embargo, la enseñanza de Moisés y Aarón interpretada de forma conjunta, es que debemos aspirar a la verdad utilizando la guía de la Torá y los dones que poseemos. 

No debemos renunciar a esa búsqueda por causa de nuestras limitaciones, por la subjetividad de nuestras emociones o por lo cambiante de nuestras circunstancias.

Cuando nuestro esfuerzo es honesto — aunque solo alcance una verdad relativa dentro de nuestra condición humana –, entonces la “verdad de Moisés” reconoce en la “verdad de Aarón” una parte legítima de la verdad absoluta hacia la cual aspiramos.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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