
Algo para Pensar — Parasha Tazria-Metzora (martes, 14 abril 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Esta es la ley para el leproso cuando haya sido purificado: será llevado ante el sacerdote…» (Levítico 14:2).
La parashá Metzorá detalla el proceso mediante el cual una persona afectada por sara’at — una afección cutánea entendida como manifestación de ciertas faltas morales — puede volver a un estado de pureza.
Una vez que la enfermedad desaparece, el metzorá debe presentarse ante un kohen, quien realiza un ritual específico que lo libera de su impureza y le permite reintegrarse a su comunidad y a su hogar.
Surge entonces la pregunta: ¿por qué la Torá asigna precisamente al kohen la responsabilidad de supervisar este procedimiento? ¿Por qué el metzorá debe acudir a él y seguir sus indicaciones para recuperar la tahará?
Una posible explicación es que la sara’at suele entenderse como consecuencia del lashón hará, la difamación o el habla dañina. Y quienes con mayor frecuencia se convierten en blanco de esos comentarios son, justamente, los líderes espirituales. No es raro que, al volver de la sinagoga en Shabat, muchas familias comenten el sermón (derasha) del rabino y lo sometan a críticas.
A menudo circulan historias exageradas o directamente falsas sobre los rabinos, sus decisiones o su conducta. Aunque lamentablemente la gente suele hablar mal de quienes le rodean, los rabinos parecen ser un objetivo especialmente habitual del lashón hará.
Por eso, la Torá exige que el metzorá acuda a un kohen y se someta a su guía para completar su purificación. Este gesto funciona como una forma de reparación: quien antes despreciaba o hablaba con ligereza de los líderes religiosos ahora depende de uno de ellos para recuperar su pureza ritual. La dinámica se invierte: el que criticaba debe ahora buscar la ayuda del mismo tipo de figura que solía menospreciar.
La parashá, en última instancia, nos recuerda la importancia de tratar a nuestros líderes espirituales con respeto. En lugar de caer en críticas constantes o en juicios apresurados, deberíamos reconocer su rol, valorar su autoridad y acercarnos a ellos con disposición a aprender, tal como la Torá instruía al metzorá en su camino de retorno a la pureza.
Este pasaje nos invita a examinar nuestra propia manera de hablar y de relacionarnos con quienes guían a nuestras comunidades. Es un buen momento para comprometernos a cuidar nuestras palabras, evitar el lashón hará y cultivar una actitud de respeto hacia quienes dedican su vida al servicio espiritual.
Demos el paso consciente de construir, no destruir; de apoyar, no desacreditar; de escuchar, no desestimar. Cada uno puede comenzar hoy mismo, con una sola conversación, a transformar el clima espiritual de su entorno.
Esto es,Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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