Algo para Pensar — Parasha Shminí(martes, 7 abril 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos)
¡Shalom, Shalom Lekulam!
“Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de El Eterno fuego extraño, que él nunca les mandó” (Levítico 10:1).
El episodio donde “Nadab y Abiú… ofrecieron delante de El Eterno fuego extraño, que él nunca les mandó” (Levítico 10:1) muestra el peligro de la espontaneidad religiosa cuando sustituye la obediencia.
Algo similar ocurre con el famoso midrash en el que Abraham es arrojado por Nimrod a un kivshan ha-esh. Aunque aparece en la Torá Oral (cf. Eruvin 53a; Bereshit Rabba), no figura en la Torá Escrita porque, pese a su heroísmo, Abraham actuó sin mandato divino. Su gesto fue correcto, pero autónomo, y por ello no establece normas de culto.
La espontaneidad sólo tiene valor cuando profundiza una mitzvá, no cuando la reemplaza. Nadav y Avihu murieron porque su impulso religioso superó su obligación normativa.
Pero esta no es toda la historia. Además de ser tzadikim (justos) y jasidim (piadosos) y mostrar gran amor hacia Dios, el Talmud llama a los patriarcas yesharim, personas de integridad excepcional.
Los comentaristas explican que, además de cumplir la halajá, actuaban según ideales morales superiores, especialmente en su trato con otros. El Netziv destaca que mostraban compasión incluso hacia idólatras, como se aprecia en su comentario:
“Además de ser tzadikim… también eran yesharim, pues se comportaban con respeto hacia los idólatras más repugnantes… Esto se deduce claramente del grado en que Abraham luchó… por la gente de Sodoma… de cómo Yitzchak se esforzó por apaciguar a los pastores de Avimelej… y de Yaakov, quien mostró tolerancia infinita hacia… Labán.” (cf. Ha’emek Davar, Introducción a Bereshit)
Esto sorprende a la luz de la ley de “lo techanem” – No les mostrarás… ningún favor (Devarim 7:2), que regula la relación con idólatras. Sin embargo, la distinción es clara:
- En la relación con Dios, la espontaneidad no puede reemplazar la obligación; el ritualismo autoimpuesto es inválido.
- En la relación con otros seres humanos, se nos invita a ir más allá de la letra de la ley, actuando con iniciativa y compasión, como hicieron los patriarcas.
Cuando el bienestar de nuestros semejantes está en juego, se nos anima a actuar más allá de lo que exige la ley, con espontaneidad y sin esperar a que nos lo digan. Al ir más allá de la letra de la ley, profundizamos nuestro compromiso religioso.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
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