Una carta abierta del «Rasha» a su padre
Por Rabbi Dr. Nathan Lopes Cardozo
31 de marzo de 2026
Querido papá:
A medida que se acerca Pésaj, hay algo importante que necesito decirte.
Cada año, en la mesa del Séder, me llamas rasha: un hijo malvado. Hablas de “despuntarme los dientes” y declaras que, de haber vivido en Egipto, yo no habría sido redimido.
Y todo esto sucede simplemente porque hago una pregunta:
“¿Qué significa para ti este avodá (servicio)?” (Éxodo 12:26).
Asumes que, por el hecho de decir “para ti” y no “para mí,” me he excluido a mí mismo del pueblo judío. ¡Que ya no me considero judío!
Pareces muy complacido contigo mismo al avergonzarme abiertamente frente a nuestra familia y a los invitados en la mesa del Séder. Al fin y al cabo, has sido “celoso por el Señor.” ¡Y has logrado poner a tu hijo en su sitio!
Solo hay un problema: has malinterpretado por completo mi pregunta.
Lo que realmente he estado preguntando, año tras año, es esto:
¿Qué significa esta noche para “ti,” papá?
Actuar por inercia
¿Sabes por qué te sientas a la mesa del Séder, lees la historia y comes matzá y maror? ¿Estás verdaderamente involucrado, o simplemente actúas por inercia?
Te pregunto esto porque, durante el resto del año, tu judaísmo me parece tibio; si no es que indiferente.
Me enviaste mensajes contradictorios a lo largo de mi infancia. El judaísmo apenas estaba presente en nuestro hogar. En mi Bar Mitzvá, te preocupaba más lo que la gente diría sobre la lujosa fiesta que organizaste, que enseñarme el significado de lo que implica ser judío y el motivo por el cual yo me convertía en Bar Mitzvá.
Cuando descuidaba mis estudios seculares, te molestabas; pero cuando descuidaba mis estudios judíos, no lo hacías. En cambio, te interesaba más que me fuera bien en los deportes. Después de mi Bar Mitzvá, cancelaste por completo mis estudios judíos porque interferían con mis otras actividades.
Has hecho todo lo posible para que el judaísmo resulte irrelevante para mí. Pero ahora, de repente, insistes en que esté presente en la noche del Séder y que me sienta inspirado. ¿Por qué debería hacerlo? ¿Con qué propósito?
Las preguntas que nunca respondiste
Me dijiste que debía casarme con una mujer judía. Pero cuando te pregunté por qué, no tuviste respuesta.
E incluso ahora, mientras estamos sentados a la mesa del Séder, te apresuras a leer la Hagadá porque la comida te importa más que la historia. Cuando te hice una pregunta sobre esta historia fabulosa, me dijiste que se estaba «haciendo tarde», que me responderías en otro momento; pero nunca lo hiciste.
¿Por qué?
Quizás sea porque no lo sabes. De hecho, parece que no sabes por qué eres judío.
Cada año conviertes mi pregunta en una acusación, porque le tienes miedo. Es más fácil tacharme de rasha que enfrentarte a tu propia incertidumbre. Pero mi pregunta no es un acto de rebeldía; es una súplica.
El Éxodo no es solo una historia. Es la historia por excelencia: aquella que ha inspirado a naciones, ha moldeado la conciencia moral y ha sostenido a nuestro pueblo durante milenios.
Nosotros, los judíos, hemos realizado contribuciones trascendentales a casi todos los ámbitos del quehacer humano: ¡desde la Biblia hasta Albert Einstein, desde la música hasta las matemáticas avanzadas! Tal vez representemos menos del uno por ciento de la humanidad, pero hemos sobrevivido a todos nuestros enemigos. Tras dos mil años de exilio y persecución, regresamos a nuestra patria, y en un abrir y cerrar de ojos, construimos un Estado judío exitoso. Y todo esto, mientras librábamos una guerra defensiva tras otra. Todo esto es, sencillamente, milagroso.
¿Nunca has reflexionado sobre ello?
Así que te pregunto: ¿qué significa para ti esta historia de Pésaj? Habría significado mucho para mí que te hubieras tomado todo esto en serio y me hubieras inspirado; pero no lo hiciste. Entonces, ¿por qué debería tomármelo yo en serio ahora?
Así que, papá, dado que tú no me has respondido, ¡seré yo quien te responda a ti!
Descubriendo aquello que no me enseñaste
Últimamente, he comenzado a leer sobre el judaísmo por mi cuenta. Estoy descubriendo por qué debería sentirme orgulloso de ser judío.
Esperaba que tú me enseñaras esto. Pero estabas demasiado ocupado. Ni una sola vez te vi siquiera leyendo un libro judío. Así que tuve que aprenderlo de otros. Incluso personas no judías han reconocido aquello que tú nunca me mostraste. Por ejemplo:
El Dalái Lama, líder espiritual tibetano:
“En nuestro diálogo con rabinos y eruditos judíos, el pueblo tibetano ha aprendido sobre los secretos de la supervivencia espiritual judía en el exilio: un secreto es el Séder de Pésaj. A través de él, durante 2000 años —incluso en tiempos muy difíciles—, el pueblo judío recuerda su liberación de la esclavitud hacia la libertad; y esto les ha brindado esperanza en tiempos de adversidad. [1]
William Rees-Mogg, autor y editor jefe de The Times:
“[Así como la energía nuclear debe ser contenida], la energía del pueblo judío ha sido encerrada en un tipo diferente de recipiente: la Ley. Esta ha actuado como una botella en cuyo interior ha podido resguardarse la energía espiritual e intelectual; y solo gracias a que pudo ser contenida, ha sido posible hacer uso de ella. No se ha limitado a estallar o dispersarse, sino que ha sido canalizada como una fuerza continua… [2]
Jean-Jacques Rousseau, filósofo suizo-francés:
“Los judíos nos ofrecen un espectáculo asombroso: las leyes de Numa, de Licurgo y de Solón han muerto; las leyes de Moisés —mucho más antiguas— siguen vivas. Atenas, Esparta y Roma han perecido y ya no tienen descendientes sobre la tierra; Sion, destruida, no ha perdido a sus hijos… ¿Cuál no será la fuerza de una legislación capaz de obrar tales prodigios; capaz de desafiar conquistas, dispersiones, revoluciones y exilios; capaz de sobrevivir a las costumbres, las leyes y los imperios de todas las naciones… para perdurar tanto como el mundo?… Cualquier hombre, sea quien sea, debe reconocer esto como una maravilla única, cuyas causas —sean divinas o humanas— merecen, sin duda alguna, el estudio y la admiración de los sabios, por encima de todo cuanto ofrecen Grecia y Roma. [3]
Y David Ben-Gurion, primer ministro de Israel:
“Hace trescientos años, llegó al Nuevo Mundo un barco, y su nombre era el Mayflower. El desembarco del Mayflower en Plymouth Rock fue uno de los grandes acontecimientos históricos en la historia de Inglaterra y en la historia de América. Pero me gustaría preguntar a cualquier inglés presente aquí en la comisión: ¿qué día zarpó el Mayflower? ¿Qué fecha era? Me gustaría preguntar a los estadounidenses: ¿saben qué fecha zarpó el Mayflower de Inglaterra? ¿Cuántas personas iban a bordo? ¿Quiénes eran sus líderes? ¿Qué tipo de comida consumieron durante la travesía?
“Hace más de 3300 años — mucho antes del Mayflower — nuestro pueblo partió de Egipto; y cada judío en el mundo, dondequiera que se encuentre, sabe qué día partieron. Y sabe qué alimentos consumieron. Y nosotros seguimos consumiendo esos alimentos en cada aniversario. Y sabemos quién fue nuestro líder. Y nos sentamos a relatar la historia a nuestros hijos y nietos para garantizar que jamás caiga en el olvido…» [4]
¿Quién no desearía pertenecer a una tradición semejante?
Una verdad dolorosa
¿No crees que deberías haberme mostrado todo esto, en lugar de dejar que fueran otros quienes me lo enseñaran?
Papá, te quiero. Pero estoy profundamente decepcionado de ti. La tarea más importante de un padre es educar a sus hijos. En esto, has fallado.
Así que ahora te pregunto: ¿Soy yo verdaderamente el rasha? ¿O soy, tal vez, el chacham —aquel que busca el entendimiento?
Algún día te invitaré a mi Séder. Y entonces, tal vez, lo entenderás.
Tu hijo,
El Rasha
Notas
[1] Roger Kamanetz, *The Jew in the Lotus* (HarperOne, 2007).
[2] William Rees-Mogg, *The Reigning Error: The Crisis of World Inflation* (Londres: Hamilton, 1974), 9–11.
[3] Jean-Jacques Rousseau, citado en Leon Poliakov, *The History of Anti-Semitism* (Routledge and Kegan Paul, 1975), vol. 3:104–5.
[4] David Ben Gurion, discurso ante la Comisión Peel, 1936.
Traducción: drigs, CEJSPR
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