Shabat HaGadol y la historia de Elías
Por Jeremy Rosen
“He aquí que os enviaré al profeta Elías antes del gran y temible ía de Dios; y él reconciliará a los padres con los hijos y a los hijos con los padres” (Malaquías 3:24).
Esto forma parte de la Haftará de Shabat HaGadol, el Shabat que precede a Pésaj. Pero, ¿quién fue exactamente Elías? Es cierto que, en términos de estatura espiritual y de su lugar en nuestra tradición, fue el más grande de los profetas, aun cuando no se le atribuya ningún libro.
Su victoria pública sobre los profetas de Baal, durante el reinado de Ajab y Jezabel, constituyó su triunfo más célebre. Pero no menos significativo fue el Carro de Fuego que lo elevó al Cielo, el cual se convirtió en el símbolo del misticismo con el que siempre se le ha asociado.
En el Talmud, Elías ocupa un lugar destacado en los debates sobre el mesianismo, planteándose la interrogante de si él sería el Mesías mismo, o bien el guía y precursor de este. Finalmente, se estableció que Elías allanaría el camino hacia la era mesiánica y nos instruiría sobre qué acciones emprender y qué aspectos de nuestra tradición serían revitalizados o perdurarían una vez que dicha era se haga realidad.
El Talmud relata numerosos episodios en los que se dice que Elías se apareció ante diversos rabinos para guiarlos; asimismo, se le asocia con la resolución de cuestiones halájicas que habían quedado pendientes.
Elías mantiene múltiples vínculos con la festividad de Pésaj. El más evidente de ellos se manifiesta hacia el final del Séder, momento en el que dedicamos la quinta copa de vino a Elías e invocamos su presencia para rogar a Dios que elimine a nuestros enemigos.
¿Por qué esta quinta copa es, específicamente, la de Eliyahu?
Las explicaciones varían desde lo racional hasta lo místico. Según Maimónides, la llegada del Mesías es un tiempo en el que la opresión y el odio son erradicados, y somos libres de explorar nuestra vida espiritual sin impedimentos. Esto es lo místico.
En la práctica, existe un debate sobre si debemos beber cuatro o cinco copas de vino durante el Séder. Quienes abogan por las cuatro copas sostienen que esto se hace en alusión a los cuatro términos utilizados en la Torá para describir el proceso que nos otorgó la libertad de la esclavitud: “Os liberé, os salvé, os redimí, os saqué.” Sin embargo, otros creen que la frase “os traje” cuenta como un quinto término.
¿Son cuatro o cinco las palabras? ¿Y deberían ser cuatro o cinco las copas?
El debate queda sin respuesta definitiva. Si bien estamos obligados a beber cuatro copas de vino, añadimos una extra por si acaso; y nuestra tradición quiso dedicar esa copa, precisamente, a Elías.
Este año tenemos muchos motivos para sentir tristeza. Tantas vidas hermosas — jóvenes y no tan jóvenes — han sido segadas por nuestros enemigos. Muchas más vidas han resultado heridas o han quedado destrozadas. Sin embargo, hemos sido testigos de innumerables ejemplos de liberación, abnegación y heroísmo.
¿Será este el año en que llegue el Mesías? Podemos tener esperanza. Pero, mientras tanto, debemos esforzarnos al máximo por sanar y cerrar las brechas que nos separan, y unirnos para avanzar juntos, con orgullo y alegría. ¡Gracias, Eliyahu!
El autor es escritor y rabino, radicado en Nueva York.
Traducción: drigs, CEJSPR
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