Algo para Pensar — Parasha Tzav (domingo, 22 marzo 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shavua Tov Lekulam!

Esta semana estudiamos Parashat Tzav. Esta es la vigésimo quinta porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.

Porción de la Torá: Levítico 6:1-8:36


En Tzav (“Mandamiento”), Dios le informa a Moisés sobre los sacrificios ofrecidos en el Mishkán (Tabernáculo), incluyendo una ofrenda de comida traída por el sumo sacerdote, ofrendas por la culpa y ofrendas de agradecimiento. Moisés inicia a Aarón y a sus hijos para el servicio sacerdotal en el Mishkán.

«Esta es la ley del holocausto, de la ofrenda, del sacrificio por el pecado, del sacrificio por la culpa, de las consagraciones y del sacrificio de paz, la cual mandó El Eterno a Moisés en el monte de Sinaí, el día que mandó a los hijos de Israel que ofreciesen sus ofrendas a El Eterno, en el desierto de Sinaí» (Levítico 7:37-38).

Como escribe el Rambam en su Moré Nevujim: «Es imposible pasar repentinamente de un extremo a otro; la naturaleza del hombre no le permite abandonar repentinamente todo aquello a lo que está acostumbrado. Dios envió a Moisés para convertir a los israelitas en un reino de sacerdotes y una nación santa… 

Se les ordenó a los israelitas dedicarse a su servicio… Pero el modo general de adoración en el que fueron criados los israelitas (en tiempos pasados) consistía en sacrificar animales en templos con imágenes, postrarse ante ellas y quemar incienso ante ellas… 

Fue de acuerdo con la sabiduría de Dios, manifestada en toda la creación, que Él no nos ordenó abandonar y descontinuar todos estos modos de adoración, pues obedecer tal mandamiento habría sido contrario a la naturaleza del hombre… 

Por esta razón, Dios permitió que estos rituales continuaran. Él transfirió a Su servicio lo que anteriormente había servido como adoración a los seres creados… y nos ordenó que le sirviéramos de la misma manera…» (Moreh Nevuchim, parte 3, capítulo 32)

La postura del Rambam respecto al sistema sacrificial generó una de las discusiones más fascinantes dentro del pensamiento judío. 

A simple vista, parece que él mismo experimentaba cierta incomodidad ante los rituales del Templo: la muerte de animales, la sangre derramada, la quema de órganos y miembros… escenas que resultan difíciles de conciliar con los ideales más elevados del monoteísmo y la ética judía.


Así, podría decirse que el Rambam se encontraba en una compleja tensión. Por un lado, los sacrificios no representan el punto más alto de la moral judía; por otro, no pueden descartarse, pues forman parte explícita de la Torá.


Su intento de unir estas dos perspectivas — aceptar y a la vez relativizar el culto sacrificial — es una muestra notable de su capacidad intelectual. 

Para él, los sacrificios eran una concesión divina a las limitaciones humanas, un mecanismo gradual para alejar al pueblo de la idolatría hasta que, con el tiempo, ya no fueran necesarios. Desde esta óptica, no tenían que encarnar el ideal del judaísmo, pero sí podían mantenerse dentro de su marco legítimo.


En Moreh Nevujim, el Rambam explica que el ser humano no puede abandonar de golpe prácticas profundamente arraigadas. Dios, al querer formar de Israel una nación santa, permitió que continuaran ciertos modos de culto heredados del mundo pagano — como los sacrificios y el incienso —, pero redirigidos hacia Él. De este modo, transformó antiguas formas de adoración en un servicio monoteísta.


Sin embargo, esta explicación abre nuevas interrogantes. ¿Realmente pensaba el Rambam que ese era todo el sentido de los sacrificios? ¿No habría un simbolismo más profundo?

Además, si los sacrificios surgieron en contextos idolátricos, ¿cómo explicar que Caín y Abel ofrecieran ofrendas directamente a Dios mucho antes de cualquier paganismo organizado? A esto se suma una aparente contradicción en sus propias obras. 

Mientras que en Moreh Nevujim sugiere que la humanidad alcanzará un nivel espiritual en el que los sacrificios ya no serán necesarios, en Mishné Torá afirma que, en tiempos del Mesías, el Templo será reconstruido y los sacrificios volverán a realizarse.


La pregunta, entonces, permanece viva y abierta: ¿la Era Mesiánica incluirá sacrificios como expresión de una espiritualidad más elevada, o precisamente prescindirá de ellos porque fueron solo una etapa transitoria destinada a superarse?

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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