Algo para Pensar —Parasha Vaikrá  (domingo, 15 marzo 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos

Esta semana estudiamos Parashá Vaikrá. Esta es la vigésimo cuarta porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.

Porción de la Torá: Levítico 1:1-5:26

En Vaikrá (“Él Llamó”), la primera porción de la Torá en el Libro de Levítico, Dios le habla a Moisés sobre los sacrificios ofrecidos en el Mishkán (Tabernáculo). Entre estos se encuentran los sacrificios que se queman completamente sobre el altar, las ofrendas de harina y aceite, las ofrendas de paz y los sacrificios ofrecidos por pecados involuntarios.

«Llamó (וַיִּקְרָ֖א) El Eterno a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando alguno de entre vosotros ofrece ofrenda a El Eterno, de ganado vacuno u ovejuno haréis vuestra ofrenda» (Lev. 1:1-2)


En la sección previa, Pekudei, Moisés concluye la construcción del Tabernáculo tal como el Creador lo había instruido. La nueva porción se abre con las palabras Vayikra el Moshe, “El Creador llamó a Moisés”.

La apertura de Vayikrá revela una escena silenciosa, y al mismo tiempo, cargada de una intensidad espiritual que la Torá apenas insinúa con palabras. Tras concluir la construcción del Tabernáculo, Moisés se encuentra ante una estructura que no es solo un santuario físico, sino un espacio donde lo humano y lo divino están destinados a encontrarse. Es en ese umbral donde ocurre algo decisivo: el Creador lo llama.


La Torá dice: “Llamó (וַיִּקְרָ֖א)El Eterno a Moisés”. Éste no es un detalle menor. Según Rashi, la Voz que emanó del Tabernáculo era tan poderosa que podía partir árboles, sin embargo, sólo Moisés la oyó. Cientos de miles estaban presentes, pero ninguno percibió nada.

Este contraste revela una verdad profunda: la revelación no depende del volumen, sino de la sintonía interior. La cercanía con lo divino no es un espectáculo público; es un encuentro íntimo reservado para quien ha cultivado la sensibilidad para escucharlo.

La tradición cabalística añade un matiz sorprendente. Cuando el Creador pidió a Moisés escribir la palabra vayikrá con una Álef completa — símbolo de cercanía y elección — Moisés quiso omitirla. Prefería veyikar, un término que sugiere un encuentro accidental, casi casual.

No se trataba de falsa modestia. Moisés temía que la grandeza espiritual que se le atribuía pudiera convertirse en un obstáculo para su misión. El Creador insistió en la Álef, pero Moisés pidió escribirla más pequeña que las demás. Así nació la famosa Álef diminuta de Vayikrá, una letra que parece esconderse, pero que sostiene todo el sentido del versículo.

La enseñanza es clara:
• El Creador afirma la grandeza de Moisés.
• Moisés responde reduciendo su propio protagonismo.
• La Torá conserva ambas verdades en una sola palabra.
La espiritualidad auténtica no niega la grandeza, pero tampoco la exhibe.

El llamado espiritual puede ser paradójico. El episodio que ocupa nuestro tiempo plantea una tensión que todavía hoy día sigue vigente:
• La Voz divina es inmensa, capaz de estremecer la creación.
• El receptor debe ser pequeño, capaz de no atribuirse esa grandeza.

No se puede buscar simultáneamente la intimidad con la Luz del Creador y el reconocimiento público por haberla recibido. Son caminos que se excluyen mutuamente. La revelación es un regalo, pero también una responsabilidad: quien la recibe debe protegerla del ego, del ruido y de la necesidad de validación externa.

Cada persona, en algún momento, experimenta un llamado: una intuición, una claridad repentina, una invitación a elevarse. Pero ese llamado no siempre es audible para quienes nos rodean. No porque sea secreto, sino porque pertenece a la esfera interior.

La pregunta que plantea Vayikrá es profundamente personal:
• ¿Buscamos la voz que nos llama desde dentro, aunque nadie más la escuche?
• ¿O preferimos la versión “casual,” la que no exige responsabilidad ni transformación?

La Álef pequeña nos recuerda que la grandeza espiritual no se mide por lo que otros ven, sino por la disposición a escuchar lo que sólo tú (o yo) podemos oír.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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