Algo para Pensar–Parasha Terumá (martes, 17 febrero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shalom, Shalom Lekulam!

“Cuando Moisés llegó al campamento y vio el becerro y las danzas, su ira se encendió; arrojó las tablas de sus manos y las rompió al pie del monte” (Éxodo 32:19).


¿Qué provocó realmente la crisis? ¿Fue la ausencia de Moisés lo que desencadenó el caos en el campamento? El texto lo sugiere claramente:


“El pueblo vio que Moisés tardaba en bajar del monte. Se reunieron alrededor de Aarón y le dijeron: ‘Haznos un oráculo que nos guíe. No sabemos qué ha sido de Moisés, el hombre que nos sacó de Egipto’” (Éxodo 32:1).


Es Dios quien informa a Moisés lo que está ocurriendo y le dice: “Desciende, porque tu pueblo, que sacaste de Egipto, se ha corrompido” (Éxodo 32:7).


El mensaje implícito es contundente. “Desciende” no es solo una instrucción física: sugiere que Dios le está diciendo a Moisés que su lugar está con el pueblo, no en la cima de la montaña. Y la expresión“tu pueblo” implica que Dios está atribuyéndole a Moisés la responsabilidad por ellos, casi como si estuviera a punto de distanciarse del pueblo.


Moisés primero intercede ante Dios, suplicando perdón, y luego baja. Lo que sigue es una sucesión rápida de acciones: observa la situación, rompe las Tablas, quema el becerro, mezcla sus cenizas con agua y obliga al pueblo a beber, y finalmente convoca ayuda para castigar a los culpables

.
En este nivel de lectura, Moisés emerge como el líder decisivo que restablece el orden en medio del caos. Sin embargo, el resultado también revela la fragilidad de un liderazgo tan centralizado: cuando él no está, el pueblo entra en pánico. Esta es la vulnerabilidad de un liderazgo fuerte.


Pero entonces llegamos a Éxodo 33, uno de los capítulos más complejos de la Torá. Comienza con Dios anunciando que enviará un “ángel” para acompañar al pueblo, pero que Él mismo no estará en medio de ellos “porque sois un pueblo de dura cerviz, y podría destruiros en el camino”. Esta noticia angustia profundamente al pueblo (Éxodo 33:1–6).


En los versículos 12–23, Moisés discute con Dios sobre este decreto. Quiere que la presencia divina acompañe al pueblo. Pide: “Hazme conocer tus caminos” (33:13) y “Muéstrame tu gloria” (33:18).

Este diálogo es difícil de interpretar. Ya no trata del pecado ni del perdón; parece una búsqueda metafísica sobre la esencia de Dios. ¿Qué relación tiene esto con el becerro de oro?


Lo más desconcertante es lo que ocurre entre ambos episodios.
El texto dice que Moisés “tomó su tienda y la instaló fuera del campamento, lejos del campamento” (Éxodo 33:7).

Esta acción parece equivocada. Si el problema era la distancia entre Moisés y el pueblo, lo último que debería hacer es alejarse aún más. Su lugar, ahora más que nunca, debería ser en medio de ellos.


Además, la Torá acaba de decir que Dios no estará en medio del pueblo, lo cual ya los angustió. Que Moisés haga lo mismo solo intensifica su sensación de abandono.

Algo profundo está ocurriendo aquí.


¿Está Moisés respondiendo a Dios con un gesto simbólico? ¿Está imitando la distancia divina para provocar un cambio?


La historia continúa mañana…

Esto es, Algo para Pensar (drigs,CEJSPR)

Deja un comentario

Trending