Algo para Pensar–Parasha Mishpatim (viernes, 13 febrero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
Retomando nuestro análisis anterior y las preguntas con las que concluimos: ¿cuál de las cuatro perspectivas de vida consideras que es la correcta? ¿Cuál refleja la realidad?
La respuesta es que todas contienen una parte de verdad. La elección depende de cuál de ellas resuene más profundamente con nuestra propia identidad espiritual.
Nuestros sabios enseñan que Dios actúa con nosotros “medida por medida”, respondiendo según la forma en que nosotros nos relacionamos con Él.
El Baal Shem Tov, al comentar el versículo “Dios es tu sombra” (Salmos 121:5), explica que así como la sombra imita cada movimiento de la persona, del mismo modo Dios refleja nuestras decisiones y actitudes. La manera en que definamos nuestra relación con Él será la manera en que Él se relacione con nosotros.
Por lo tanto, está en nuestras manos decidir qué tipo de “guardián” queremos ser.
Podemos elegir la postura del prestatario, quien vive con la sensación de que todo es “almuerzo gratis”. Pero, dice Dios, si decides ser prestatario, también debes asumir la responsabilidad total.
Si algo sale mal —por errores propios o por circunstancias fuera de tu control—, ese será tu problema, porque tú mismo afirmaste que la vida te pertenece por completo.
Otra opción es adoptar la visión delinquilino. Esta perspectiva mantiene la idea de que estamos aquí para nosotros mismos, pero reconoce que debemos “pagar” por los dones que recibimos.
Al hacerlo, descargamos parte del peso de la responsabilidad. Seguimos expuestos a los riesgos de la vida, pero no tenemos que enfrentarlos completamente solos.
También podemos identificarnos con el guardián pagado. A diferencia del prestatario y del inquilino, esta persona entiende que el propósito de la existencia es cumplir la voluntad divina, no satisfacer deseos personales. Sin embargo, espera recibir una recompensa por su dedicación.
Y Dios, actuando “medida por medida”, responde en la misma línea: las leyes que rigen nuestra vida nos brindan protección, aunque no absoluta, pues aún conservamos cierto grado de interés propio que nos deja vulnerables a las incertidumbres del mundo.
Finalmente, está la opción del guardián no remunerado, quien encarna una entrega total del yo. Desde esta perspectiva, incluso los “daños evitables” no generan culpa.
Mientras no traicionemos los términos de nuestra misión, no debemos temer las amenazas o inseguridades del mundo. Si nuestra existencia está completamente orientada al servicio del Creador, entonces Dios asume la responsabilidad plena por nuestra vida.
Después de este recorrido por las cuatro categorías de guardianes, queda una pregunta abierta:
¿Con cuál de ellos te identificas tú?
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
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