Algo para Pensar–Parasha Mishpatim (miércoles, 11 febrero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«Cuando prestares dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portarás con él como prestamista, ni le impondrás usura» (Éxodo 22:25)
Los historiadores suelen afirmar que cuando aparece una ley en un texto antiguo, es porque la conducta que prohíbe era común antes de que se legislara. Es decir, la existencia misma de la ley revela un problema previo que debía corregirse.
Con esta idea en mente, volvamos a una enseñanza talmúdica que comenta uno de los versículos de la parashá de esta semana. La Torá establece: “Cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo…”
Además de prohibir la usura, este versículo es la base del mandamiento de prestar dinero a quienes lo necesitan.
Los rabinos (Bava Metzia 71a), intrigados por la formulación del versículo —“mi pueblo, los pobres, contigo”—, derivaron de allí un orden de prioridades para decidir a quién prestar cuando no se puede ayudar a todos:
• Si dos personas solicitan un préstamo, una judía y otra gentil, y solo puedes ayudar a una, la prioridad es el judío.
• Si ambas personas son iguales en todo, pero una es rica y la otra pobre, se atiende primero al pobre.
• Si un pobre pariente y un pobre vecino piden ayuda, el pariente tiene precedencia.
• Si uno vive en tu ciudad y el otro en otra localidad, se ayuda primero al necesitado cercano.
Es importante notar que el Talmud no ordena ignorar al gentil, al desconocido o al que no es pariente. Lo que hace es establecer un orden moral de prioridades.
El Talmud sostiene que una ética que pretende ignorar los vínculos naturales — familia, comunidad, pueblo — es irreal, impracticable, y por lo tanto, moralmente débil. En cambio, una ética que reconoce y valora estas relaciones humanas es más auténtica, y por ello, más sólida.
Este principio parece evidente. Sin embargo, el hecho de que el Talmud sintiera la necesidad de legislarlo sugiere, siguiendo la lógica histórica mencionada al inicio, que este orden natural de prioridades se violaba con cierta frecuencia.
Había — y sigue habiendo — personas que prefieren ayudar al desconocido antes que al cercano, al extraño antes que al familiar.
¿Por qué alguien actuaría así?
Desde una perspectiva psicológica, esto puede explicarse mediante ideas como el “altruismo efectivo” (ayudar donde se produce mayor impacto) o la “empatía ampliada” (sentir por quienes están lejos).
Algunas personas — judías y no judías — priorizan causas globales porque ayudar a extraños evita tensiones familiares, deudas emocionales o conflictos personales.
Además, apoyar causas lejanas puede generar reconocimiento social y una sensación de virtud moral, incluso si eso implica ignorar al “uno” que está en casa o en la comunidad.
La cordura exige cuidar primero a los nuestros. Pero la Torá exige también no desentenderse de los demás. Por lo tanto, debemos encontrar un equilibrio entre la introversión étnica y el exclusivismo, por un lado, y el masoquismo universalista y la autodenigración, por el otro.
Siguiendo a Maimónides, debemos buscar el punto medio: evitar tanto el mito universalista que borra los vínculos naturales como la indiferencia hacia quienes no son “de los nuestros”.
Porque, al final, la Torá nos recuerda: “No te escondas de tu propia carne.”
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
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