Algo para Pensar–Parasha Mishpatim (domingo, 8 febrero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shavua Tov Lekulam!

Esta semana estudiamos Parashat Mishpatim. Esta es la decimoctava porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.

Porción de la Torá: Éxodo 21:1-24:18, 30:11-16


Mishpatim (“Leyes”) relata una serie de leyes divinas que Moisés dio a los israelitas. Estas incluyen leyes sobre el trato a los esclavos, los daños, los préstamos, la devolución de bienes perdidos, el Shabat, el año sabático, las festividades y la destrucción de la idolatría. La porción termina con el ascenso de Moisés al Monte Sinaí durante 40 días.


«Además, si algunos riñeren, y uno hiriere a su prójimo con piedra o con el puño, y éste no muriere, pero cayere en cama; si se levantare y anduviere fuera sobre su báculo, entonces será absuelto el que lo hirió; solamente le satisfará por lo que estuvo sin trabajar, y hará que le curen» (Éxodo 21:18-19).


Parashá Mishpatim contiene las leyes sobre la compensación por daños, incluyendo el caso de una pelea entre dos personas que resulte en lesiones físicas. La Torá dice que quien causó la lesión indemniza a la víctima por todas las pérdidas y gastos incurridos, incluyendo, וְרַפֹּ֥א יְרַפֵּֽא «ve rapo yerape» — gastos médicos. (Shemot 21:19)


La Guemará comenta: «De aquí aprendemos que al médico se le permite curar.»


Es decir, este versículo constituye la fuente bíblica que permite recurrir al tratamiento médico: si la Torá no hubiera sancionado explícitamente los procedimientos médicos como medio de curación, habría estado prohibido buscar tratamiento cuando uno enferma. 


La Guemará explica: «Él (El Todopoderoso) castiga, ¿y él (el médico) cura?» Es Dios quien trae la enfermedad y el dolor a una persona, por lo tanto, buscar atención médica podría verse como un intento de oponerse y resistirse a Su voluntad. 


Por lo tanto, instintivamente, si la Torá no hubiera indicado lo contrario, habríamos prohibido el uso de medicamentos y exigido que el paciente esperara pasivamente a que Dios efectúe una cura. Solo a la luz de este versículo de la Parashá Mispatim uno tiene derecho a buscar atención médica y consultar con médicos para mejorar y mantener su buena salud.


Esta discusión en la Guemará nos enseña la perspectiva correcta que debemos tener ante la enfermedad: que es un acto de Dios.


Por supuesto, quien enferma puede y debe acudir al médico, y al mejor médico disponible. Sin embargo, no debemos dejarnos llevar tanto por el proceso del tratamiento médico que perdamos de vista que es el Todopoderoso quien nos trajo la enfermedad. 


Si bien debemos consultar con médicos, también nos corresponde ver la enfermedad como una señal de Dios, que nos llama a examinarnos y ver dónde podemos mejorar y qué defectos necesitan corrección.


Un rabino comparó la enfermedad con la luz intermitente de un automóvil que indica que le falta aceite. Un dueño irresponsable podría llevar el auto al mecánico para que desconecte la luz y deje de parpadear. En lugar de corregir el problema de raíz — añadiendo aceite —, solo decidió tratar el síntoma: la luz intermitente. 


Muchos somos culpables de reaccionar de esta manera ante la enfermedad. La enfermedad puede ser una «luz intermitente» que indica una falla espiritual que requiere corrección. Consultar con un médico para curar el síntoma, sin abordar la causa raíz del problema, permite que el problema mismo se agrave.


Es interesante observar el contexto del versículo sobre el cual los Sabios hicieron este comentario: un caso de disputa que resulta en una lesión. La Guemará enfatiza que incluso este tipo de «enfermedad» — una lesión causada por otra persona — fue en realidad provocada por Dios. 


Huelga decir que el perpetrador es responsable de su crimen violento y está sujeto al castigo divino. Pero desde la perspectiva de la víctima, ésta debe ver su lesión como un acto de Dios, no de la mano del hombre que le agredió.

Esto puede extenderse a cualquier inconveniente o problema que enfrentemos. Debemos tomar estas experiencias como un mensaje de Dios, quien nos llama a reflexionar sobre nosotros mismos y ver qué debemos mejorar, cómo podemos trabajar para fortalecer nuestro carácter y la observancia de las mitzvot. 


De esta manera, podremos recordar con cariño estas experiencias, que de otro modo serían desafortunadas, dado que nos impulsarán a crecer y mejorar en nuestra fe.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

2 respuestas a «Algo para Pensar–Parasha Mishpatim (domingo, 8 febrero 2026)»

  1. Esto que comentáis esta erróneo en su base y es una interpretación vuestra:

    Dios crea la vida, orden y leyes biológicas, la enfermedad forma parte de ese orden pero no es obra directa de Dios, Dios no crea la enfermedad para hacer daño por si misma por eso si hay que centrarse en la curación que también es obra de Dios entre ello los conocimientos médicos y en general estudios. Estos estudios médicos se hacen para perfeccionar el propio orden creado para elevar la vida, para poder vivir y por su puesto que hay que centrarse en el curación. No hacerlo sería una irresponsabilidad que iría en contra del orden de Dios en cuanto a la responsabilidad que tenemos como personas. Sería un abandono del sujeto y una alienación con el dolor o la enfermedad y esto el judaísmo no lo enaltece sino más bien lo contrario.

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    1. Francisco, tu planteamiento toca un punto central en la reflexión judía: cómo entender la relación entre Dios, la vida, el orden natural y la enfermedad. Dentro del judaísmo existe una AMPLIA GAMA DE INTERPRETACIONES, y es importante reconocer esa diversidad para no reducir la tradición a una sola lectura.

      1. Sobre el origen de la enfermedad
      Muchas corrientes judías — desde la filosofía medieval hasta el pensamiento moderno — coinciden en que Dios crea un mundo con leyes naturales estables. En ese marco, la enfermedad no es necesariamente un “acto directo” de Dios, sino parte del funcionamiento del universo biológico. Esta idea aparece en Maimónides, en pensadores jasídicos y también en corrientes liberales contemporáneas.

      Otras voces, especialmente en la literatura bíblica y rabínica más antigua, sí hablan de la enfermedad como un lenguaje o señal divina, pero incluso allí los sabios insisten en que no debemos asumir que conocemos la causa última del sufrimiento. La tradición es plural y no monolítica.

      2. La obligación de buscar la curación
      Aquí sí hay un consenso muy amplio en todas las denominaciones: el judaísmo no glorifica el dolor ni la pasividad ante la enfermedad. La halajá tradicional, el pensamiento ético moderno y las corrientes progresistas coinciden en que:

      – La medicina es una extensión del mandato de preservar la vida.
      – El conocimiento científico es parte de la responsabilidad humana.
      – Curar, aliviar y acompañar son actos sagrados.

      El Talmud (Bavá Kama 85a) afirma explícitamente: El médico tiene permiso para curar”, que la mayoría de comentaristas entiende como una obligación, no solo un permiso. Las corrientes reformistas y reconstruccionistas lo expresan en términos más humanistas, pero llegan a la misma conclusión: no tratar la enfermedad sería una renuncia a nuestra responsabilidad moral.

      3. La responsabilidad humana dentro del orden divino
      Tu argumento de que abandonar la búsqueda de curación sería “una alienación con el dolor” también encuentra eco en múltiples tradiciones judías:

      – En el pensamiento ortodoxo moderno, se habla de hishtadlut —el esfuerzo humano necesario— como parte del pacto con Dios.
      – En el jasidismo, se enseña que la alegría y la vitalidad son expresiones de la presencia divina, no el sufrimiento pasivo.
      – En el judaísmo liberal, la responsabilidad ética y el bienestar humano son valores centrales.

      En todas estas perspectivas, la enfermedad no es algo que debamos aceptar como destino sin actuar; la acción médica es vista como cooperación con el orden divino o, en corrientes más seculares, como expresión de la dignidad humana.

      4. En resumen,Francisco:
      Tu planteamiento es coherente con una de las líneas más fuertes dentro del pensamiento judío:
      Dios (o el orden de la creación, según la denominación) no desea el sufrimiento; la curación es un deber espiritual, ético y humano.
      A la vez, es importante reconocer que dentro del judaísmo existen otras interpretaciones sobre el sentido del sufrimiento, pero incluso esas corrientes no promueven la pasividad ni la glorificación del dolor.

      ¡Muchas gracias por tu aportación y espero continuar encontrándonos en el camino!
      (drigs)

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