Algo para Pensar — Parasha Yitro (viernes, 6 febrero 2026) Tiempo de lectura: 4 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
Yitró proclamó: “Bendito sea el Eterno, que os rescató de la mano de los egipcios y de la mano del Faraón, y que salvó al pueblo de la opresión de Egipto” (Éxodo 18:10).
Si prestamos atención, notaremos que Yitró agradece DOS tipos de liberación.
La segunda parte del versículo alude a la redención visible y concreta: la liberación militar, política y física del pueblo, “quien salvó al pueblo de la mano de Egipto”. Pero la primera parte señala un milagro aún más profundo: “Bendito sea el Señor que os ha salvado de la mano del Faraón y de la mano de Egipto”.
Esto implica que Dios no solo liberó a Israel de la esclavitud, sino también del desastre de vivir bajo líderes como el Faraón: figuras consumidas por su propia importancia, intoxicadas por el poder, cuyo carácter se degrada hasta convertirse en megalómanos insensibles, ingratos y crueles. La salvación no fue únicamente frente a los egipcios, sino también frente al peso insoportable de un gobernante de ese tipo.
Esta es una emoción que puede acompañar toda una vida. No todos pueden alcanzar la grandeza moral y la estabilidad interior de Moisés; eso es evidente. Sin embargo, ciertos rasgos de su personalidad no solo son deseables, sino esenciales para una sociedad verdaderamente sensible a las necesidades de sus integrantes.
No podemos vivir plenamente como seres humanos si no experimentamos momentos de olvido de nosotros mismos, instantes de altruismo puro y desinteresado. Cuando reconocemos ese tipo de carácter en otra persona, sentimos también esa “vayihad”, esa conmoción interior.
Por eso debemos esforzarnos en cultivar esas cualidades. Una persona centrada únicamente en sí misma termina volviéndose tosca, casi vulgar, tanto por dentro como por fuera. Necesitamos, aunque sea ocasionalmente, desarrollar algo de la capacidad de Moisés para trascender su propio ego.
¿Cómo se logra algo así?
¿Cómo alcanzar, aunque sea por un instante, ese nivel de elevación?La vía más directa para olvidarse de uno mismo es poner a otro en el centro. Esto significa actuar por el bien de alguien más sin ningún interés personal.
En hebreo, esto se llama gemilut jasadim, actos de bondad. No se trata solo de jesed —la generosidad en sí— sino de gemilat jesed: el acto interior de desaparecer del centro mientras se ayuda a otro.
Esto no implica que sea incorrecto dar caridad buscando reconocimiento; de hecho, sin quienes actúan así, gran parte de la filantropía judía no existiría. Pero deben existir momentos especiales en los que dejemos a un lado el ego y nos sumerjamos únicamente en el acto de bondad.
Quizá este sea el sentido más profundo de gemilat jesed: la palabra gemilat comparte raíz con vayigamel, “y fue destetado”.** Un acto desinteresado de bondad es como un destete del ego constante; es una forma madura de jesed, una bondad que se ofrece con todo el corazón, sin esperar agradecimiento ni reciprocidad.
¿Fue esta la emoción de Yitró? ¿La sorpresa de descubrir que un hombre con todas las razones para volverse arrogante puede, sin embargo, ser profundamente humilde, compasivo y desinteresado? Esta es una poderosa posibilidad.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
** Esta raíz verbal en hebreo se asocia con significados como «destetar», «madurar», «recompensar» o «tratar plenamente», dependiendo del contexto y la conjugación.
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