Algo para Pensar–Parasha Yitro (jueves, 5 febrero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!

«y dijo a Moisés: Yo tu suegro Ytro vengo a ti, con tu mujer, y sus dos hijos con ella.» (Éxodo 18:6)


Y entonces Ytro se dio cuenta de lo terriblemente equivocado que estaba…
Moisés no solo no es arrogante, sino que es un ser humano genuino, un profundo anav; uno que posee cualidades maravillosas, ¡casi sobrehumanas! 


Este es un hombre que posee grandeza, calidez, un carácter excepcional. Qué afortunado soy de ser su suegro, pensó. Ytro estaba tan abrumado por la emoción, tan delirantemente feliz al descubrir su error, que «vayihad Ytro,» estaba emocionado; se le puso la piel de gallina y un escalofrío le recorrió la espalda, porque ahora se encontraba cara a cara con la persona más grande que jamás ha existido.


Esta es una emoción — la emoción de su vida. Es el punto culminante en la vida de Ytro: el descubrimiento de una grandeza tan soberbia en un hombre cercano a él, algo que nunca había detectado con tanta intensidad.


Qué personaje tan extraordinario era este Moisés. Carecía por completo de timidez. Ni tan siquiera actuó con modestia, diciéndole a Ytro: «En realidad, no fue obra mía.» Más bien, simplemente se olvidó de sí mismo y del papel que desempeñaba. 


Solo alguien con este carácter, con esta absoluta falta de timidez, podría escribir por sí mismo las palabras del Señor: «veha’ish Moshe anav me’od,»  «El hombre Moisés era muy manso» (Números 12:3), sin siquiera darse cuenta que estas palabras lo estaban describiendo a él.

Para un anivut, la mansedumbre, la cualidad de Moisés, es mucho mayor y más difícil de alcanzar que shiflut la humildad. El shafel puede ser virtuoso, pues siempre es dolorosamente consciente de sus deficiencias y limitaciones, pero aún se preocupa por sí mismo, ya sea positiva o negativamente. 


Mientras que el anav, el hombre inconsciente, ni siquiera es consciente de un yo inferior. Su ego ha sido sometido hasta el olvido. ¡Qué experiencia tan emocionante debe ser conocer a un individuo así!

Volvamos al inicio de la parashá y comprenderemos mejor las primeras palabras que pronunció Ytro tras su emocionante experiencia. Ytro dijo: «Bendito sea el Señor que los ha salvado de la mano del Faraón y de la mano de Egipto, y que ha salvado al pueblo de la mano de Egipto.» 


¿Por qué la redundancia?


La búsqueda de respuesta a esta pregunta será nuestro punto de partida en nuestra próxima reflexión.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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