Algo para Pensar–Parasha Yitro (martes, 3 febrero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!

“Y se alegró (וַיִּ֣חַדְּ)Itró por todo el bien que el Eterno había hecho a Israel al librarlo de la mano de los egipcios” (Éxodo 18:9).


Esta parashá relata el reencuentro entre Moisés y su suegro, Itró, así como con Tziporá y los hijos de Moisés, quienes habían permanecido en Madián mientras él vivía la experiencia del Éxodo.


Tras escuchar de labios de Moisés todo lo ocurrido al pueblo de Israel, la Torá dice: “vayihad Itró”, “Itró se alegró por todo el bien que Dios había hecho a Israel” (Éxodo 18:9).


Sin embargo, la palabra vayihad expresa algo más profundo que un simple regocijo. Podría traducirse como “Itró se conmovió intensamente”. Tanto vayihad como “emocionarse” describen una alegría tan profunda que se siente físicamente, como un estremecimiento que recorre la piel.


El término hebreo vayihad proviene de had, que alude a una sensación aguda, penetrante. De modo similar, la raíz de “emocionar” en español también sugiere ser atravesado por una impresión intensa. Lo que Itró experimentó fue una alegría casi extática.


¿Qué provocó un sentimiento tan fuerte? ¿Qué hizo tan conmovedora esta experiencia?

Rashi deja claro que la emoción de Itró no acontece en el vacío. Siendo él un extranjero, su alegría no podía deberse simplemente a la caída del faraón. Entonces, ¿qué explica este vayihad? Una lectura psicológica puede ayudarnos a descubrir una enseñanza moral importante.


Para comprenderlo, debemos atender a las pistas que la Torá nos ofrece para reconstruir la vida interior de los personajes de esta historia. Al inicio, Moisés lleva a su familia desde Madián a Egipto, un viaje que, según Abarbanel (Éxodo 4:18), no agradó a Itró.

Más adelante, Moisés envía de regreso a Tziporá y a sus hijos para que permanezcan con su abuelo mientras él continúa su misión.


Quien lee el texto puede deducir la razón de esta separación. Moisés estaba inmerso en una de las tareas más trascendentes de la historia humana. Como padre de todos los profetas, vivía en un estado continuo de giluiShejiná, revelación divina.


Para estar siempre preparado para esa revelación, no podía vivir como cualquier persona. Su mente, su corazón y su espíritu debían permanecer libres de ataduras personales. Era un líder público absoluto, y para ser justo tanto con su misión como con su familia, tuvo que enviarlos de vuelta con Itró mientras duraba la epopeya del Éxodo.
Pero Itró no sabía nada de esto.


Pongámonos en su lugar. Moisés había llegado a Madián como un fugitivo, escapando de la justicia egipcia. Itró lo acogió, le dio un hogar, le entregó a su hija en matrimonio y lo empleó como pastor. De pronto, Moisés decide regresar a Egipto porque tiene una misión ardiente que cumplir.


Y ahora que ha triunfado, parece haber olvidado por completo a su familia. Desde la perspectiva de Itró, Moisés ha abandonado sus responsabilidades. El corazón del anciano debió llenarse de amargura.

Así comienza la parashá: “Vayishmá Itró”, “Itró, sacerdote de Madián y suegro de Moisés, oyó todo lo que Dios había hecho por Moisés y por Israel, cómo el Señor los había sacado de Egipto”.


Moisés ha alcanzado la cima de su misión, pero su esposa e hijos no han sabido nada de él. Itró imagina: “Moisés debe haberse convertido en un conquistador. Quizá piensa que ha superado a mi familia, a mi hija y a sus propios hijos”.


Tal vez Itró atribuyó a Moisés la arrogancia típica de los poderosos, la misma que la tradición atribuye al faraón, quien decía con soberbia: “li ye’ori ve’ani asitani”, “el Nilo es mío y yo me hice a mí mismo; nadie puede decirme nada” (Éxodo Rabá, Va’era 8:1).

Quizá imaginó que Moisés había adoptado la altivez que más tarde caracterizaría al Imperio Romano, con sus celebraciones triunfales llenas de violencia, orgullo y corrupción.

Con el espíritu abatido, Itró decide enfrentar a su yerno, ahora un líder victorioso, quizá ingrato y distante. Está dispuesto incluso a humillarse, a suplicar que Moisés reciba nuevamente a su esposa y a sus hijos.


Ese es el trasfondo del mensaje que Itró envía:


“Ani hotenkha Yitró ba elekha, ve’ishtekha ushnei vanéha imah” — “Yo, tu suegro Itró, vengo hacia ti, y traigo contigo a tu esposa y a tus dos hijos”. En otras palabras: “¿Te acuerdas de nosotros, Moisés? ¿Recuerdas las voces de tu pasado? Aquí estamos, esperando que nos recibas”.


Esta historia continuará mañana…
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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