Algo para Pensar–Parasha Beshalaj (jueves, 29 enero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
«El Eterno le dijo a Moisés: “Escribe esto en un libro como testimonio, y comunícale a Josué que borraré por completo la memoria de Amalec de debajo del cielo”. Moisés entonces levantó un altar y lo llamó “El Eterno es mi estandarte”, diciendo: “Porque Amalec alzó su mano contra el trono del Eterno, Él mantendrá guerra contra Amalec de generación en generación” (Éxodo 17:14-16).
Si nos preguntamos si los egipcios encajan en la categoría de actores racionales, la respuesta es claramente afirmativa. Pero este no es el caso de los amalecitas. Con actores racionales es posible negociar la paz.
Quienes participan en un conflicto, tarde o temprano, reconocen que al intentar destruir al otro también se destruyen a sí mismos. Eso fue precisamente lo que los asesores del faraón le advirtieron tras las primeras siete plagas: “¿No ves que Egipto está arruinado?” (Éxodo 10:7). Llega un punto en que quienes actúan racionalmente comprenden que su propio interés se vuelve contraproducente y optan por la cooperación.
Con los actores irracionales, en cambio, esto no sucede. Emil Fackenheim, destacado pensador judío del periodo postholocausto, observó que hacia el final de la Segunda Guerra Mundial los alemanes desviaron trenes destinados a abastecer a su propio ejército para transportar judíos a los campos de exterminio.
El odio era tan intenso que estuvieron dispuestos a comprometer su propia victoria con tal de continuar el exterminio sistemático del pueblo judío. Para Fackenheim, esto representaba el mal en su forma más pura, el mal por el mal mismo.
En la memoria judía, los amalecitas encarnan ese tipo de enemigo, en el sentido descrito por Lee Harris.** Sin embargo, la tradición jurídica judía distingue dos tipos de mandatos respecto a Amalec. El primero es el mandato físico de hacerles la guerra, tal como Samuel ordenó a Saúl, aunque este no cumplió la instrucción por completo. ¿Tiene vigencia ese mandato hoy?
El rabino Najum Rabinovitch responde de manera categórica: no. Rambam estableció que la orden de destruir a Amalec solo aplicaba si ellos rechazaban la paz y se negaban a aceptar las siete leyes noájidas.
Además, señaló que dicha orden dejó de ser aplicable después de que Senaquerib, rey de Asiria, deportara y mezclara a las naciones conquistadas, haciendo imposible identificar a los pueblos originales contra los cuales Israel tenía mandatos específicos.
Rambam también explicó, en La Guía de los Perplejos, que esta orden se refería únicamente a personas con una ascendencia biológica concreta, y no debía extenderse a enemigos o adversarios del pueblo judío en general. Por lo tanto, el mandato de combatir físicamente a Amalec ya no tiene vigencia.
Queda, sin embargo, la otra orden: la de “recordar” y “no olvidar”. Esa será la cuestión que exploraremos mañana.
Esto es, Algo para Pensar (drigs,CEJSPR)
** Su definición de «el enemigo» se refiere a un adversario irracional y fanático: alguien dispuesto a morir con tal de matarte, que odia no por un motivo negociable o basado en intereses propios, sino simplemente «porque nosotros somos su enemigo»
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