
Algo para Pensar–Parasha Bo (viernes, 23 enero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!“
El Eterno dijo a Moisés: Entra ante el Faraón, porque he endurecido su corazón y el de sus siervos para manifestar entre ellos mis señales” (Éxodo 10:1).
El Esh Kodesh enseña que, en ciertos momentos, el ser humano puede revelar y recibir Luz en un nivel que supera su capacidad habitual, incluso cuando esa capacidad ya está fortalecida por la conciencia de la presencia divina.
Ya vimos un ejemplo: cuando estudiamos un texto espiritual en soledad, recibimos cierta iluminación; pero cuando estudiamos en comunidad, en verdadera unidad, se abre un nivel de revelación mucho más elevado que el que podríamos alcanzar individualmente.
Y aún hay más. El Esh Kodesh explica que cuando enseñamos a otros con la intención sincera de revelar Luz, el Creador nos concede revelaciones adicionales.
Un maestro recibe tres tipos de revelación. La primera es personal. Luego, se le otorgan dos más: una que le muestra lo que el estudiante necesita en ese instante, y otra que anticipa lo que necesitará más adelante.
Sabiendo esto, debemos permanecer atentos y recordar siempre de dónde provienen estas revelaciones. Si caemos en la ilusión de que somos nosotros quienes generamos la enseñanza, nos deslizamos hacia la oscuridad y cerramos la puerta a una mayor Luz, tanto para nosotros como para quienes aprenden con nosotros.
El Esh Kodesh desarrolló estas ideas en medio del Holocausto. Imaginar lo que significaba experimentar la Luz divina en un tiempo tan devastador nos ayuda a comprender la profundidad de su enseñanza.
Rav Áshlag, cuando le preguntaron porqué escribía su comentario al Zóhar en plena Segunda Guerra Mundial, respondió: “De la mayor oscuridad surge la mayor revelación.” Lo mismo vivió el Esh Kodesh.
El libro de Malaquías dice: “Los labios del sacerdote guardarán la sabiduría, y de su boca buscarán enseñanza, porque es un ángel de Dios” (2:7).
Este versículo revela que, cuando asumimos la responsabilidad de transmitir enseñanzas espirituales, el Creador hace fluir Su sabiduría a través de nosotros.
Podemos convertirnos en “ángeles” en el acto de enseñar, siempre que mantengamos la conciencia adecuada. Nos elevamos porque no lo hacemos para nuestro propio beneficio, sino como canales del Creador.
En la porción de Shemot, Dios le dio a Moisés la capacidad de hablar con claridad cuando transmitía Su mensaje; pero cuando no hablaba en nombre del Creador, su dificultad para expresarse regresaba.
Del mismo modo, cualquiera de nosotros puede convertirse en un mensajero divino al enseñar, siempre que recordemos que somos instrumentos de algo más grande.
La porción de la Torá llamadasignifica “ven”, aludiendo al versículo inicial: “Ven ante el Faraón, porque he endurecido su corazón.”
Los comentaristas se preguntan cómo pudo Dios decirle esto a Moisés si ambos estaban ya en Egipto. Si Moisés consideraba que Egipto era un lugar tan espiritualmente oscuro que ni siquiera oraba allí, ¿cómo pudo el Creador revelarse en ese entorno?
Ahora, entendiendo que de la oscuridad más profunda puede surgir la revelación más intensa, empezamos a vislumbrar la respuesta. Según el Esh Kodesh, sin importar cuán hundidos estemos en nuestro propio “Egipto”, cada año, en el Shabat de Bo, se abre un canal especial gracias a la revelación de Moisés y Aarón, quienes actúan como conductos directos del Creador.
Al mostrarnos la naturaleza de la revelación y al ofrecernos a Moisés y Aarón como canales vivos hacia la Luz divina, la porción de Bo y su Shabat nos brindan acceso a la Luz precisamente en los momentos en que más la necesitamos.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
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