Algo para Pensar–Parasha Bo (jueves, 22 enero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shalom, Shalom Lekulam!

“El Eterno dijo a Moisés: Entra ante el Faraón, porque he endurecido su corazón y el de sus servidores para manifestar entre ellos mis señales” (Éxodo 10:1).

El Zóhar enseña que el Creador se revela en la medida en que somos conscientes de Su presencia. No es que Él se oculte, es que nuestra limitada percepción determina cuánto espacio le damos en nuestra vida. En realidad, Su revelación es constante.

Moisés lo entendía; por eso se acercó a la zarza ardiente en la montaña. Si nosotros creyéramos con la misma certeza que el Creador se manifiesta, ahora mismo también lo experimentaríamos ahora mismo, tal como lo hizo Moisés.

¿Por qué, entonces, no logramos superar nuestra ignorancia, si sabemos que es nuestra única barrera? La respuesta es sencilla, aunque profundamente arraigada: nuestras acciones centradas en el ego generan una oscuridad que bloquea este despertar espiritual.

No podemos sustituir la ignorancia por la certeza de la presencia divina porque la oscuridad que creamos con nuestro egocentrismo nos impide ver. En vez de percibir al Creador en todo, sólo nos vemos a nosotros mismos, y actuamos desde este lugar.El

Esh Kodesh** señala dos ideas esenciales para desarrollar la certeza espiritual.

Primero, siguiendo al Zóhar, afirma que solo existe Luz y oscuridad; por lo tanto, reconocer lo falso es tan importante como reconocer lo verdadero.

Segundo, explica que toda madurez espiritual es, en el fondo, una revelación de la Luz del Creador. Esto nos obliga a distinguir entre deseos físicos y deseos espirituales.

Tenemos muchos tipos de deseos. El deseo de comer o beber es claramente físico. Si anhelamos un buen filete, es natural pensar que ese deseo surge de nosotros mismos.

El problema surge cuando aplicamos esa misma lógica a los deseos espirituales. Creemos que el impulso de rezar, ayudar o compartir también nace únicamente de nuestro interior.

Todo deseo sigue tres etapas: primero surge, luego actuamos, y finalmente lo satisfacemos

Pero, como enseña el Esh Kodesh, cuando se trata de deseos espirituales, el primer paso NO es nuestro: es del Creador. Si hoy desperté con ganas de orar, no fue porque yo lo decidí, sino porque el Creador se acercó a mí esta mañana, igual que lo hizo con los profetas, y también contigo.

El Esh Kodesh añade que, aunque la mayoría no experimentamos visiones proféticas, con el tiempo y la ayuda divina podemos llegar a tenerlas. Mientras tanto, nuestras “visiones” se expresan como emociones o sensaciones internas.

A los profetas, Dios les decía: “Pongo Mi Palabra en sus bocas.” Para quienes no somos profetas, no coloca Su Palabra, sino Su Deseo dentro de nuestra alma.


El profeta Daniel lo entendió cuando relató: “Solo yo, Daniel, vi la visión; los hombres que estaban conmigo no la vieron, pero un gran temor cayó sobre ellos y huyeron a esconderse” (10:7). La emoción es el nivel más bajo de revelación, por eso fue lo único que percibieron quienes lo acompañaban.

Cuando despertamos y el Creador nos dice: “Pongo Mi deseo en tu corazón”, no lo vemos rodeado de ángeles despertando nuestra alma. Lo que sentimos es una impresión interna, una chispa de propósito espiritual. 

Si aceptamos esta verdad, descubrimos que cada mañana el Creador nos visita y nos susurra: “Este es Mi deseo para ti hoy.” Nuestra tarea es estar atentos para no pasar por alto Su presencia.

Una de las enseñanzas centrales de la porción de Bo es que, aunque el Creador está en todo, somos nosotros quienes debemos elegir buscarlo. Para hacerlo, necesitamos transformar nuestra conciencia. 

Con el tiempo, cuando dejemos de preguntarnos si algo proviene del Creador y reconozcamos que todo pensamiento espiritual es una revelación directa de Él, comenzaremos a elevarnos gradualmente hacia el nivel de los profetas.

La manera en que interpretamos nuestros sentimientos influye en nuestra certeza, y esa certeza determina si esos sentimientos revelan o no la Luz del Creador. Sobre esto profundizaremos mañana.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Notas

** Se trata de una colección de 86 sermones (derashot) entregados por el rabino Kalonymus Kalman Shapira, conocido como el Rebe de Piaseczno, un líder jasídico.

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