
Algo para Pensar–Parasha Va’era (viernes, 16 enero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
«El Eterno dijo a Moisés: ‘Dile a Aarón que tome su vara y extienda su mano sobre las aguas de Egipto —sus ríos, arroyos, estanques y todos sus depósitos— para que se transformen en sangre, y que haya sangre en toda la tierra de Egipto, incluso en los recipientes de madera y de piedra’” (Éxodo 7:19).
El Midrash plantea una pregunta: ¿por qué fue Aarón, y no Moisés, quien realizó el milagro de la primera plaga, la plaga de sangre? ¿Por qué el Creador ordenó a Moisés que instruyera a Aarón para golpear el Nilo?
Rashi, el rabino Shlomo Yitzjaki, explica que cuando la madre de Moisés lo colocó en una cesta sobre las aguas del Nilo, el río lo resguardó. Por esta razón, Moisés tenía una deuda de gratitud con el Nilo y no podía ser él quien lo golpeara.
Quizás uno piense: “¿Qué sentimientos puede tener el Nilo? ¿Realmente importa si Moisés lo golpea?” Sin embargo, este detalle vuelve a mostrarnos algo profundo sobre la naturaleza de la consciencia.
La delicadeza de Moisés hacia el río revela que todo en el mundo posee un nivel de consciencia. Todo — lo animado y lo inanimado — está entrelazado en una red de energía, de Luz.No fueron solo las aguas físicas del Nilo las que protegieron a Moisés cuando era un bebé; también lo hizo la energía espiritual asociada al río.
La tradición habla de cuatro niveles de existencia: inanimado, vegetal, animal y humano. Todo lo que existe está vivo de alguna manera, incluso un objeto aparentemente simple como una mesa. Despertar la consciencia de esta interacción constante entre nosotros y nuestro entorno es parte esencial de nuestro tikkun, la corrección espiritual que venimos a realizar en esta vida.
Durante su misión, Moisés dependió muchas veces de elementos como el agua, las rocas o su bastón; su relación con lo inanimado era continua. Sin embargo, la mayoría de nosotros no percibimos el papel que estos elementos juegan en nuestro propio proceso espiritual.
No podemos alcanzar el Gemar HaTikkun, la Corrección Final, sin la colaboración de los cuatro niveles de vida. Por eso debemos cultivar respeto hacia todo lo que existe: lo inanimado, lo vegetal, lo animal y lo humano.
Con el apoyo de toda la creación, podemos acercarnos a la certeza. En el Shabat de Vaerá, Moisés se dirige al Creador y pregunta cómo podrá lograr el Gemar HaTikkun si los israelitas no lo escuchan. Esa pregunta no solo se refiere a ellos, sino también a nosotros.
Sin la consciencia de la certeza, ¿cómo podríamos escapar de los carros del Faraón? ¿Cómo podríamos vencer las fuerzas de la muerte y llegar a bila hamavet lanetzaj, la desaparición definitiva de la muerte?
Sin certeza, simplemente no es posible.
¿Y cómo se alcanza esa certeza? Buscando la verdad que se oculta detrás de las apariencias, del mismo modo en que profundizamos en las palabras de la Torá.
El profeta Isaías enseña que antes del Gemar HaTikkun debe existir un velo de ocultamiento, y nuestra tarea es aprender a mirar a través de él. Uno de los grandes regalos del Shabat de Vaerá es la capacidad de despertar la fuerza de Moisés dentro de nosotros: no aceptar las cosas tal como parecen y tratar todo lo que existe con respeto.
Cuando contemplamos un mundo lleno de posibilidades, cuando miramos más allá de la superficie hacia la verdad que se esconde tras los velos, la duda se transforma en certeza y los milagros pueden manifestarse.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)


Deja un comentario