Algo para Pensar – Parasha Va’era (domingo, 11 enero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shavua Tov Lekulam!


Esta semana estudiaremos Parasha Va’era. Esta es la decimocuarta porción semanal de la Torá en el ciclo anual judío de lectura de la Torá.

Porción: Éxodo 6:2-9:35


Va’era (“Me Aparecí”) comienza con la promesa de Dios de redimir a los israelitas esclavizados y llevarlos a la Tierra Prometida. Cuando el Faraón se niega repetidamente a dejar ir a los israelitas, Dios envía una serie de plagas: agua convertida en sangre, ranas, piojos, animales salvajes, muerte del ganado, úlceras y granizo. 


«Y yo endureceré(וַאֲנִ֥י אַקְשֶׁ֖ה) el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas» (Éxodo 7:3)

La pregunta es antigua. Si Dios endureció el corazón del Faraón, ¿entonces fue Dios quien hizo que el Faraón se negara a dejar ir a los israelitas y no el propio Faraón?


¿Cómo puede ser esto justo? ¿Cómo puede ser correcto castigar al Faraón y a su pueblo por una decisión — una serie de decisiones — que no fueron tomadas libremente por el propio Faraón? 


El castigo presupone culpa. La culpa presupone responsabilidad. La responsabilidad presupone libertad. Nosotros no culpamos a las «cosas» por caer ni al sol por brillar. Las fuerzas naturales no actúan reflexionando frente a diferentes alternativas. 


Solo el Homo sapiens es libre. Quítale esa libertad y nos quitas nuestra humanidad. Entonces, ¿cómo puede decirse, que Dios endureció**el corazón del Faraón?


Todos los comentaristas que abordan este asunto se sienten desconcertados por esta pregunta. Rambam y otros destacan un rasgo llamativo de la narración, y es que durante las primeras cinco plagas, leemos que es el propio Faraón quien endureció su corazón. 


Sólo más tarde, durante las últimas cinco plagas, leemos que Dios actuó de la misma manera. Por lo tanto, las últimas cinco plagas se consideran un castigo por las primeras cinco negativas, realizadas voluntariamente por el propio Faraón.


Un segundo enfoque, en dirección opuesta, es que durante las últimas cinco plagas, Dios intervino no para endurecer, sino para fortalecer el corazón del faraón. Actuó para asegurar que el faraón conservara su libertad y no la perdiera. 


Tal fue el impacto de las plagas que, en circunstancias normales, un líder nacional no tendría más remedio que ceder ante una fuerza superior. Como dijeron los propios consejeros del faraón antes de la octava plaga: «¿Aún no te das cuenta de que Egipto está destruido?» (Éxodo 10:7). 


Ceder en ese momento habría sido una acción forzada, no un cambio genuino de actitud. Tal es el enfoque que presenta Joseph Albo (Sefer HaIkkarim, IV, 25) y Ovadiah Sforno (sobre Éxodo 7:3).


Un tercer enfoque cuestiona el significado mismo de la frase «Dios endureció el corazón del Faraón.» En un sentido profundo, Dios, autor de la historia, está detrás de cada acontecimiento, cada acto, cada ráfaga de viento, cada gota de lluvia. 


Sin embargo, normalmente no atribuimos la acción humana a Dios. Somos lo que somos porque así hemos elegido ser, aunque esto estuviera escrito mucho antes en el guión divino para la humanidad. 


¿Qué tipo de acto atribuimos a Dios? Algo que sea inusual, algo que esté tan fuera de las normas del comportamiento humano que nos resulte difícil explicarlo de otra manera que no sea afirmando que seguramente esto sucedió por algún propósito.


Dios mismo dice que la obstinación del Faraón le permitió demostrar a toda la humanidad, que incluso el mayor imperio es impotente ante la mano del Cielo (Éx. 7:5; 14:18).

El Faraón actuó con libertad, pero su última negativa fue tan extraña que era evidente para todos que Dios lo había previsto. Era predecible, parte del guión; Dios se lo había revelado a Abraham siglos antes cuando le anunció en una terrible visión que sus descendientes serían extranjeros en una tierra que no era la suya (Gén. 15:13-14).


Todas estas son interpretaciones interesantes y plausibles. Sin embargo, tengo la impresión que la Torá está relatando una historia más profunda, una que nunca pierde su relevancia. Los filósofos y científicos han tendido a pensar en términos de abstracciones y de universales. Algunos han concluido que tenemos libre albedrío, otros dicen que no. 


Entonces, me pregunto, ¿por qué no hay espacio para un punto intermedio? 


Esto es, Algo para Pensar (drigs,CEJSPR)

Notas

** En la narración se utilizan tres verbos diferentes para indicar el endurecimiento del corazón: K-SH-H; H-Z-K y K-B-D. Estas tienen diferentes matices: la primera significa «endurecer,» la segunda, «fortalecer» y la tercera, «hacer pesado.» 

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