
Algo para Pensar – Parasha Shemot (viernes, 9 enero 2026) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
«Y respondió Dios a Moisés: Yo Soy el que Soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: Yo Soy me envió a vosotros» (Éxodo 3:14).
Cuando Dios se reveló a Moisés en la zarza ardiente y le encomendó liberar al pueblo de Israel, Moisés planteó una duda:
“Cuando vaya a los hijos de Israel y les diga: ‘El Dios de sus padres me envió’, ellos me preguntarán: ‘¿Cuál es Su nombre?’. ¿Qué debo responderles?”. Dios contestó: “Seré lo que seré… Diles: Eh’ehyeh —‘Yo seré’— me ha enviado a ustedes”.
¿Qué encierra este diálogo tan misterioso?
Poner nombre a algo implica describirlo y delimitarlo. Por eso, Dios — que es infinito y no puede ser definido — no posee un nombre en sentido estricto. Lo que llamamos “nombres divinos” son, en realidad, descripciones de las distintas formas en que Su presencia se manifiesta en el mundo.
El Midrash lo expresa así: Dios le dijo a Moisés: “¿Quieres conocer mi nombre? Se me llama según mis acciones. A veces soy El Shadai, otras Tzeva’ot, Elohim o Havaiá. Cuando ejerzo juicio, se me llama Elohim. Cuando combato a los malvados, Tzeva’ot. Cuando tolero las faltas humanas, El Shadai. Cuando muestro compasión, Havaiá” (Midrash Rabá, Shemot 3:6).
Con esto entendemos mejor la pregunta que Moisés anticipó del pueblo.
“¿Cuál es Su nombre?”, es decir: ¿qué clase de conducta divina estamos presenciando ahora? Tú dices que Dios ha visto nuestro sufrimiento en Egipto, que ha escuchado nuestros gritos y conoce nuestro dolor, y que por eso te envía a liberarnos.
Pero ¿dónde estuvo Dios hasta este momento? ¿Dónde estuvo durante los ochenta y seis años en que hemos sido golpeados, en que nuestros hijos fueron arrancados de nuestros brazos y arrojados al Nilo, en que el Faraón se bañó en la sangre de nuestros pequeños? ¿Qué “nombre” adopta Dios ahora, tras tantos años en los que pareció distante y silencioso?
Dios instruyó a Moisés: “Diles que mi nombre es Eh’ehyeh”.
¿Dónde estuve todo este tiempo? Con ustedes. Yo Soy. Soy la existencia misma. Soy la realidad que los acompaña. Soy el gemido del esclavo herido, el llanto de la madre que pierde a su hijo, el inocente cuya sangre es derramada.
Hay cosas que, por dolorosas e incomprensibles que resulten para el ser humano, deben ocurrir para que puedan surgir bienes infinitamente mayores. Pero no las dirijo desde un cielo remoto, separado de su angustia. He estado con ustedes y seguiré estando con ustedes, compartiendo su sufrimiento y anhelando la redención junto a ustedes (cf. Rashi, Éxodo 3:2).
Si no pueden percibirme, no es porque sea demasiado etéreo; es porque soy, en el sentido más profundo, absolutamente real.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)



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