
Algo para Pensar – Parasha Shemot (lunes, 5 enero 2026)
¡Shavua Tov Lekulam!
«Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué» (Éxodo 2:10)
¿Es posible que alguno de nosotros alcance el nivel de Moisés?
Moisés fue, sin duda, el profeta más grande que jamás ha existido. Sin embargo, al estudiar la historia de sus primeros años, narrada en Parasha Shemot, veremos que las extraordinarias cualidades que caracterizaron a este gran líder de Israel son, en efecto, alcanzables por todos y cada uno de nosotros.
La Torá nos dice que cuando Moisés creció y dejó de ser un niño, «salió a ver a sus hermanos y observó su sufrimiento.» Moisés se había criado entre las comodidades y los lujos del palacio del faraón, y aun así, optó por salir a compadecerse de sus hermanos, de los hijos de Israel, y ayudarlos en su trabajo como esclavos.
En lugar de disfrutar de las comodidades a su alcance como príncipe egipcio, Moisés eligió experimentar de primera mano el sufrimiento de sus parientes y empatizar con su difícil situación.
La Torá relata entonces que Moisés presenció cómo un egipcio golpeaba sin piedad a un esclavo hebreo. La mayoría de las personas en la situación de Moisés habrían optado por no intervenir.
Sin embargo, Moisés, conmovido por el sufrimiento de su compatriota israelita, se sintió obligado a intervenir: golpeó al capataz egipcio y salvó al esclavo hebreo.
Al día siguiente, Moisés se encontró con dos israelitas peleando entre sí. En este caso también, el instinto humano le habría dictado mantenerse al margen, en lugar de involucrarse en la disputa. Pero Moisés, una vez más, no pudo permanecer al margen. Su sensibilidad ante la difícil situación de la víctima lo impulsó a intervenir y detener la injusticia.
Este patrón se repite en la siguiente sección de la parashá, que narra la llegada de Moisés a Madián. Moisés llegó a un pozo y presenció cómo unos pastores maltrataban a las siete hijas de Yitro.
Moisés era extranjero, recién llegado a Madián, una situación en la que normalmente uno se habría mantenido al margen en lugar de intervenir. Pero Moisés no podía permanecer impasible ante tal injusticia. Corrió a socorrer a las jóvenes, las rescató de los pastores e incluso sacó agua para sus ovejas.
El Midrash relata de manera similar que, mientras Moisés trabajaba como pastor para su suegro, Jetro, una oveja se escapó del rebaño. Moisés la persiguió hasta que llegó a un arroyo y comenzó a beber. Entonces Moisés comprendió que la oveja había huido porque tenía sed y necesitaba agua, y le pidió disculpas por haberla perseguido.
Al darse cuenta que la oveja debía estar muy cansada después de correr tanto, Moisés la cargó y la llevó de regreso al rebaño. Fue en ese momento, según el Midrash, que Dios designó a Moisés para el liderazgo.
Si demostró tal sensibilidad y compasión por una oveja, con mayor razón sería un líder compasivo y empático, genuinamente preocupado por las necesidades de su pueblo.
La Torá es muy selectiva en su descripción de la vida y experiencias de Moisés antes de ser elegido por Dios para liberar a Israel de los pecados de Egipto.
El hecho de que la Torá eligiera relatar específicamente estos incidentes, que reflejan la empatía y la preocupación de Moisés por el sufrimiento ajeno, indica que esta cualidad — más que ninguna otra — lo definía. Fue principalmente gracias a esta cualidad que se erigió como el más grande líder israelita de todos los tiempos.
En este sentido, todos podemos llegar a ser como Moisés. Al mostrar preocupación por nuestro prójimo, al empatizar y compadecernos de los problemas, el dolor y el sufrimiento de nuestros hermanos necesitados, podemos empezar a elevarnos hacia la grandeza de Moisés.
Muy a menudo, esto solo implica escuchar, dedicar tiempo y paciencia a quienes nos cuentan sus problemas. Aunque no podamos ofrecer soluciones prácticas, el simple hecho de hablar y escuchar puede ser de gran ayuda para un hermano en momentos difíciles.
Cuando se circuncida a un niño, el rabino oficiante recita la oración: “Zen hakatan gadol yihyeh — Este niño será un adulto”.
Esta oración significa, quizá, que este niño, que solo piensa en sí mismo, en sus propias necesidades y deseos, debe crecer hasta convertirse en un “gadol”, un adulto maduro capaz de empatizar con las necesidades y preocupaciones de los demás.
En esta oración expresamos nuestra esperanza de que este niño egocéntrico crezca emulando a Moshé Rabenu, que él también destaque en esta gran cualidad de sensibilidad y compasión hacia los demás.
Si mostramos empatía y preocupación por los demás, si seguimos el ejemplo de Moshe Rabenu y nos esforzamos por ser “gedolim”, entonces el Todopoderoso seguramente responderá mostrando esa misma medida de compasión hacia nosotros, nuestras familias, nuestra comunidad y todo Israel.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)



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