
Algo para Pensar — Parasha Vayigash (lunes, 22 diciembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
«Y ellos le contaron todas las palabras de José, que él les había hablado; y viendo Jacob los carros que José enviaba para llevarlo, su espíritu revivió» (Génesis 45:27)
La Torá (Génesis 45:25-46:1) relata que cuando los hermanos de José regresaron de Egipto y le contaron a su padre que José estaba vivo y que era el gobernante de Egipto, el corazón de Jacob se indignó, pues no podía creer la noticia.
Solo cuando le contaron lo que José les había dicho y le mostraron el agalot que José les había enviado, el espíritu de Jacob se animó. «¡Mi hijo José aún vive!», exclamó Jacob. «Iré a verlo antes de morir.»
¿Cuáles fueron “las palabras que José les dirigió”? ¿Y qué eran los agalot que envió? La palabra agalot significa literalmente “carros”. Pero los carros que llevaron a Jacob y su familia a Egipto fueron enviados por el faraón, no por José; ¿y por qué la visión de unos carros habría de reanimar a Jacob?
Los agalot, explican nuestros sabios, eran una alusión a la eglah arufah, la ley del “becerro de cuello quebrado”. José le recordaba a su padre la última ley de la Torá que habían estudiado juntos antes de separarse durante los veintidós años en que Jacob lloraba la pérdida de su amado hijo y José experimentaba las pruebas y los triunfos de la vida como esclavo, prisionero y gobernante. Sí, dijo Jacob al ver los agalot, el virrey de Egipto es mi hijo perdido, y no ha olvidado la Torá que aprendió en casa de su padre.
¿Qué es la ley del eglah arufah? ¿Y qué significado tiene el hecho de que esta fuera la ley que Jacob y José habían estudiado antes de separarse, y que le indicó a Jacob que «mi hijo José todavía vive»?
La ley de eglah arufah aparece en la Torá en Deuteronomio 21:1-8:
«Si en la tierra que El Eterno tu Dios te da para que la poseas, fuere hallado alguien muerto, tendido en el campo, y no se supiere quién lo mató…Y los ancianos de la ciudad más cercana al lugar donde fuere hallado el muerto, tomarán de las vacas una becerra que no haya trabajado, que no haya llevado yugo; y los ancianos de aquella ciudad traerán la becerra a un valle escabroso, que nunca haya sido arado ni sembrado, y quebrarán la cerviz de la becerra allí en el valle…y protestarán y dirán: Nuestras manos no han derramado esta sangre, ni nuestros ojos lo han visto. Perdona a tu pueblo Israel, al cual redimiste, oh Eterno; y no culpes de sangre inocente a tu pueblo Israel. Y la sangre les será perdonada.»
Con el escenario ya listo, esta historia continuará mañana….
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
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