
Algo para Pensar 1a Parte — Parasha Miketz (viernes, 19 diciembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shabbat Shalom Lekulam!
«José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron» (Génesis 42:8)
¿Tienen estos casos algún elemento en común, algún hilo conector? Lo que tienen en común los cinco casos es que facilitan el engaño.
En cada uno, crean una situación en la que las cosas no son lo que parecen. Jacob se puso la ropa de Esaú porque temía que su padre ciego lo palpara y se diera cuenta que la piel tersa no pertenecía a Esaú, sino a su hermano menor. Al final, no solo la textura, sino también el olor de la ropa, engañó a Isaac. «¡Ah, el olor de mi hijo es como el olor de un campo que Jehová ha bendecido!» (Génesis 27:27).
Los hermanos presentaron la túnica manchada de José para ocultar que ellos eran los responsables de su desaparición. Jacob la reconoció y dijo: “¡Es la túnica de mi hijo! ¡Una fiera lo ha devorado! ¡Seguro que José ha sido despedazado!” (Génesis 37:33).
La aparición de Tamar, vestida como una prostituta con velo, tenía como propósito engañar a Judá para que se acostara con ella, ya que deseaba tener un hijo para «engrandecer el nombre» de su difunto esposo Er.
La esposa de Potifar utilizó la túnica de José como prueba para sustentar su acusación de que él había intentado violarla, un crimen del que era completamente inocente.
Finalmente, José aprovechó que sus hermanos no lo reconocían para orquestar una serie de eventos para poner a prueba si todavía eran capaces de vender a un hermano como esclavo o si habían cambiado.
Así pues, las cinco historias sobre las vestimentas cuentan una sola historia: las cosas no son necesariamente lo que parecen. Las apariencias engañan. Es, por tanto, con un escalofrío de descubrimiento que nos damos cuenta que la palabra hebrea para vestido, B-G-D, es también la palabra hebrea para «traición,» como en la fórmula de confesión «Ashamnu, bagadnu,»»Hemos sido culpables, hemos traicionado.»
¿Se trata de un mero recurso literario, una forma de unir una serie de historias que de otro modo estarían desconectadas? ¿O, hay algo más fundamental en juego?
Fue el historiador judío del siglo XIX, Heinrich Graetz en su libro, «The Structure of Jewish History, and Other Essays, quien señaló una diferencia crucial entre otras culturas antiguas y el judaísmo: «el pagano percibe lo divino en la naturaleza a través de la vista, y toma conciencia de ello como algo que se contempla. En cambio, para el judío, que concibe a Dios como algo externo a la naturaleza y anterior a ella, lo divino se manifiesta a través de la voluntad y del oído… El pagano contempla a su dios, el judío lo oye; es decir, aprehende su voluntad.» (p.68)
Nuestra indagación no ha concluido todavía. Vamos a escribir una segunda parte que iniciará utilizando la información provista por un teorista literario cuyo nombre es Erich Auerbach y su libro, «Mimesis: The Representation of Reality in Western Literature»
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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