
Algo para Pensar — Parasha Vayislach (jueves, 4 diciembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
“Salió Dina la hija de Lea, la cual ésta había dado a luz a Jacob, a ver a las hijas del país.” (Génesis 34:1)
De principio a fin, Génesis 34 narra una historia aterradora. Dina, la hija de Jacob — la única hija judía mencionada en toda la narración patriarcal — abandona la seguridad de su hogar para ir a «ver a las hijas de la tierra.» Es violada y raptada por un príncipe local, Siquem, hijo del rey de la ciudad de Siquem.
Jacob se entera de esto, pero no hace nada hasta que sus hijos regresan. Simeón y Leví, hermanos de Dina, comprenden de inmediato que deben actuar para rescatarla. Es una misión casi imposible. El secuestrador no es un individuo cualquiera. Como hijo de un rey, no se le puede enfrentar directamente. Es improbable que el rey ordene a su hijo que la libere.
Los demás habitantes del pueblo, si se les desafía, saldrán en defensa del príncipe. Son Simeón y Leví contra el pueblo, dos contra muchos. Aun cuando todos los hijos de Jacob se unieran a la lucha, seguirían estando en desventaja numérica.
Simeón y Leví, por lo tanto, urden una estratagema. Acceden a que Dina se case con el príncipe, pero con una condición: que todos los habitantes del pueblo sean circuncidados.
Los habitantes, viendo las ventajas a largo plazo de una alianza con la tribu vecina, aceptan. La cirugía debilita a los hombres, y el dolor es más intenso al tercer día. Ese día, Simeón y Leví entran en el pueblo y asesinan a todos los hombres. Rescatan a Dina y la llevan a casa. Los demás hermanos se encargan de saquear el pueblo.
¡Jacob está horrorizado!
“Me habéis hecho odioso ante la gente de la tierra”, dice (Génesis 34:30). ¿Qué debíamos hacer entonces?, preguntan los dos hermanos. “¿Debíamos dejar que nuestra hermana fuera tratada como una prostituta?” (Génesis 34:31).
Con esta pregunta retórica, el episodio termina y la narración continúa. Pero el horror de Jacob ante la acción de sus hijos no terminó ahí. Jacob, ya en su lecho de muerte les recuerda lo que hicieron y los maldice.
“Simeón y Leví son hermanos; armas de iniquidad sus armas. En su consejo no entre mi alma, ni mi espíritu se junte en su compañía. Porque en su furor mataron hombres, y en su temeridad desjarretaron toros. Maldito su furor, que fue fiero; y su ira, que fue dura. Yo los apartaré en Jacob, y los esparciré en Israel.” (Génesis 49:5-7)
La historia de Dina es un pasaje extraordinario.
Parece carecer de toda moraleja. Nadie sale bien parado. Siquem, el príncipe, parece ser el principal villano. Fue él quien secuestró y violó a Dina. Hamor, su padre, no lo reprende ni ordena su liberación. Simeón y Leví son culpables de un acto de violencia horrendo, y los demás hermanos se dedican a saquear la ciudad.
Jacob se muestra pasivo en todo momento. No actúa ni instruye a sus hijos sobre cómo actuar. Incluso la propia Dina parece, en el mejor de los casos, culpable de imprudencia al salir a la ciudad, en lo que era claramente un área peligrosa; recordemos que tanto Abraham como Isaac, su abuelo y bisabuelo, temieron por sus vidas debido a la anarquía de la época.
En el texto queda claramente sin resolver quién tenía razón y quién no. Jacob condena a sus hijos, pero ellos rechazan la crítica. El debate ha continuado, siendo retomado por dos de los más grandes rabinos de la Edad Media.
De esto hablaremos mañana.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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