
Algo para Pensar —Parasha Toledot (martes, 18 noviembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
“Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿ para qué vivo yo? Y fue a consultar a El Eterno» (Génesis 25:22)
Así concluimos la reflexión de ayer: Entonces, ¿cuál fue la razón de su lucha en el vientre de su madre?
En sus célebres “Ocho Capítulos” de introducción a su comentario sobre la “Ética de los Padres” del Talmud, Maimónides describe dos tipos de personalidades: el “perfectamente piadoso” y el “que conquista sus inclinaciones”.
El individuo perfectamente piadoso desprecia el mal y desea solo el bien. Dado que el mal no lo tienta, el trabajo de su vida consiste únicamente en desarrollar y potenciar el bien en sí mismo y en el mundo. El “conquistador”, por otro lado, lucha con lo negativo en sí mismo y en su entorno — y es esta lucha la que constituye su misión en la vida.
Maimónides también afirma lo siguiente:
Los filósofos dicen que una persona perfectamente piadosa que solo desea el bien es mayor que una persona que se siente atraída por actos inmorales pero conquista sus deseos. Pero cuando examinamos las palabras de los sabios del Talmud sobre este asunto, encontramos que quien anhela cosas pecaminosas, y a pesar de, las resiste, es más digno y más pleno que quien no las desea. Los sabios llegaron a decir: “Cuanto mayor es una persona, mayor es su inclinación al mal.” (cf. Ocho Capítulos de la Introducción a la Ética de los Padres, Capítulo 6)
De esta manera, el Rabino Schneur Zalman de Liadi explica el significado más profundo del versículo: “Prepárame manjares, tales como me gustan” (Génesis 27:4).
En este verso el Todopoderoso está hablando a la comunidad de Israel, diciéndoles que hay dos tipos de gratificación (“manjares”, en plural) que Él busca de ellos. La analogía es con la comida terrenal, en la que existen dos tipos de platos sabrosos: alimentos dulces y jugosos, y alimentos ácidos y agrios que son sazonados y adornados para que se conviertan en manjares que gratifican el paladar.
De manera similar, hay dos tipos de gratificación ante Dios. La primera es generada por el bien logrado por los perfectamente justos. Pero Dios también saborea un segundo “manjar”: la conquista del mal que aún está en su máxima fuerza y poder en el corazón, a través de los esfuerzos del individuo ordinario y no perfeccionado.
La diferencia entre el «perfectamente piadoso» y el «conquistador» no radica en el comportamiento externo.
Ambos son irreprochables en este aspecto. Donde difieren es en su carácter y en el enfoque de sus vidas. El individuo perfectamente piadoso nació con un carácter impecable o lo ha perfeccionado; ahora se concentra en alcanzar mayores alturas en el ámbito del bien mismo.
El «conquistador», en cambio, sigue luchando con su naturaleza, venciendo constantemente sus inclinaciones negativas para mantener la integridad de su comportamiento. Para él, la lucha es un fin en sí mismo: aunque nunca se deshaga de la imperfección, ha cumplido su misión en la vida.
Su contribución es un «delicatesen» del segundo tipo: la lucha contra el mal que cumple con los deseos de Dios para él.
Con lo que hasta aquí hemos dicho, mañana regresaremos a las luchas entre Jacob y Esaú en el vientre de su madre.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)




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