Algo para Pensar — Parasha Vayera (lunes, 3 noviembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shavua Tov Lekulam!


«Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: (הִנֵּֽנִי) Heme aquí» (Génesis 22:1).


¿Qué fue lo que perturbó a Abraham?


Así concluimos nuestra reflexión de ayer. Hoy veremos cuáles son algunas de las posibles interpretaciones o respuestas a esta pregunta.
Una de ellas (un midrash citado en Kav haYashar) se refiere a la celebración especial que Abraham organizó en honor al destete de su hijo Isaac. La Biblia se refiere a esa fiesta como «mishteh gadol», un gran banquete. 


Nuestra tradición sostiene que la grandeza de este banquete se debió a los invitados: «Gedolim hayu sham», una fiesta a la que asistieron todos los gigantes de la época. Sem asistió. Eber estaba allí, Og era uno de los invitados; todas las cabezas con coronas del antiguo Oriente Próximo estaban en la gran fiesta que Abraham preparó. 


Pero aquí es precisamente donde residía el problema: solo los «gedolim», los grandes, estaban allí; no hay mención alguna de los «ketanim», la gente común, los seres humanos comunes, los pobres, los marginados y los indeseados.


Ciertamente, Abraham, quien era famoso por su hospitalidad por encima de todo, debería haber sabido que en su «simja» personal, también debía tener como participantes principales a los pobres y los rechazados.

 
La conciencia de Abraham le remordía. 


¿No había contribuido a una sutil transformación y peligrosa degradación de la hospitalidad al mero entretenimiento? Pues esta debería ser una ocasión para animar a los oprimidos, no para mencionar a personajes encumbrados y exaltados.


Pero sin importar cuál fuera la causa para la perturbada conciencia de Abraham, el asunto es que fue la responsable del episodio de la «Akeidá». De modo que el llamado divino a Abraham fue un llamado de conciencia.

 
Lo que quiso decir el rabino Abraham ben haRambam, entonces, fue que tanto Adán como Abraham respondieron al llamado de una mala conciencia: Adán por comer el fruto prohibido, y Abraham por las omisiones en el banquete; pero hasta ahí llega la comparación.

Ahora, cuando le echamos un vistazo a las respuestas de ambos es que detectamos cuán diferentes son.


Esta historia continua mañana.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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