Algo para Pensar — Parasha Noah (jueves, 23 octubre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Shalom, Shalom Lekulam!

El rey Ezequías estaba muy enfermo cuando el profeta Isaías fue a visitarlo y le dijo: «El Creador me ha enviado para decirte que prepares tus asuntos, pues vas a morir; no vivirás más.» 


A simple vista, parece que el Creador estaba preparando al rey para el fin de su vida terrenal. Pero, ¿qué significa «vas a morir; no vivirás más»? ¿Por qué esta redundancia? El Creador envió a Isaías al rey Ezequías con un mensaje doble: que su vida en este mundo estaba llegando a su fin y que tampoco tendría nada en el más allá.


Es comprensible que el rey se sintiera consternado por esta noticia. Le preguntó a Isaías: «¿Por qué me ocurre esto?» En aquel momento, el rey Ezequías no tenía hijos. Si bien hay personas que no pueden tener hijos, en el caso de Ezequías, simplemente nunca había intentado tenerlos. Los sabios del Talmud nos dicen que el castigo que el Creador le infligió no se debió a que no tuviera hijos, si no porque ni tan siquiera había intentado tenerlos.


Cuando Isaías le hizo esta observación, el rey Ezequías le explicó que, gracias a la inspiración divina, había previsto que de haber tenido hijos, estos habrían sido malvados. «Prefiero no tener hijos a traer más maldad a este mundo,» dijo el rey. El profeta Isaías le respondió: «¿Por qué te preocupas por asuntos divinos?»


Al plantear esta pregunta, Isaías no estaba cuestionando el poder profético de la inspiración divina ni la predicción específica sobre los hijos del rey. Lo que Isaías le decía al rey Ezequías era que no debía preocuparse por el futuro, ya que las cosas pueden cambiar. Isaías le dijo al rey: «Preocúpate por tus propios planes. No te corresponde a ti preocuparte por las cosas divinas.» 


Molesto con Isaías, el rey Ezequías no lo llamó por su nombre, sino que le dijo:

«Hijo de Amós, es hora de que te vayas. Esta enseñanza la recibí de mi bisabuelo: aun cuando la espada esté a punto de cortarnos la garganta, no debemos dejar de implorar la misericordia del Creador. Incluso en ese momento, justo antes de que nos arranquen la vida, debemos saber que no estamos condenados a morir, que todos podemos cambiar nuestro destino.»


Después que Isaías salió de los aposentos reales, el rey Ezequías oró al Creador. Y aún antes de que Isaías hubiera salido del palacio, el Creador se le apareció y le pidió que regresara al rey para darle la noticia de que había escuchado sus oraciones. El rey no solo se curaría de su enfermedad, sino que además le serían concedidos quince años más de vida.


¿Qué lección podemos aprender de esta historia? 


El Creador envió a Isaías para informar al rey Ezequías que estaba a punto de morir, pero el rey se negó a aceptar ese veredicto. Al igual que Moisés y Abraham, el rey Ezequías no se sometió al mensaje del Creador. 


A través del ejemplo del rey Ezequías, podemos comprender mejor el error de Noé y aprender de él. Cuando el Creador le dijo a Noé: “La única esperanza para la humanidad es que tú sobrevivas al diluvio y tengas hijos,” Noé creyó en las palabras del Creador y aceptó su decisión. 


En lugar de cometer el error de Noé, nunca debemos aceptar ningún veredicto o decreto, sin importar su origen o su importancia, porque incluso el Creador puede reconsiderar sus decisiones.

A través de su error de juicio, Noé nos ha brindado la oportunidad de captar una perspectiva muy importante. Cada año en este Shabat, cuando leemos la historia de Noé, se nos recuerda que podemos cambiar esta conciencia de conformidad. 

La convicción de que nada es definitivo siempre debe ser una fuerza impulsora. Si Dios envía a Su profeta a ti y el profeta dice que vas a morir, no lo aceptes. Si Dios viene a ti y dice que el mundo va a terminar, no lo aceptes. Nada es definitivo. Siempre existe la posibilidad de poder de inclinar la balanza hacia el lado contrario de lo que se ha anunciado.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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