
Algo para Pensar — Parasha Noah (lunes, 20 octubre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shalom, Shalom Lekulam!
“Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser, porque la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra.»(Génesis 6:13)
Ayer concluimos nuestra reflexión con las siguientes preguntas: ¿Por qué Noé no oró por las personas que iban a perecer en el diluvio? ¿Fue Noé de algún modo indiferente al destino de los demás? ¿O creía que su virtud lo colocaba por encima de los demás?
Para ayudar en la exploraración de estas preguntas, utilicemos una historia a modo de analogía.
Una persona con mal crédito se acerca a un hombre adinerado para pedirle un préstamo. Aunque el hombre adinerado sabe que este solicitante tiene mal crédito, acepta prestarle el dinero. Luego aparece otro prestatario con un historial crediticio aún peor que el primero.
Mientras el hombre adinerado considera este segundo préstamo, el primer solicitante pasa por allí e intercede incansablemente en favor del segundo hombre. Esto puede ser bondadoso, pero ¿es prudente? Está en riesgo no solo que el hombre adinerado rechace al segundo prestatario, sino que también cambie de opinión sobre el primer préstamo, al haber perdido la confianza en este primer prestatario.
Esta era la preocupación de Noé.
Noé creía que caminaba sobre arena movediza. El Creador le había prometido salvarlo, pero Noé no quería llamar demasiado la atención sobre sí mismo suplicando en favor de los demás, por temor a que el Creador pudiera reconsiderar el perdón que le había otorgado a él, a su familia y a todos los habitantes del arca.
El Midrash sugiere que, en cierto nivel, Noé no estaba equivocado: Él necesitaba la purificación del diluvio casi tanto como el resto de su generación, pero, por haber tenido la fortuna de estar encerrado en el arca que el Creador le había pedido construir, Noé fue protegido de la muerte y la destrucción.
Hemos estado comparando las decisiones de Noé, Abraham y Moisés, pero en muchos aspectos, esta comparación no es justa. Abraham fue una persona muy justa, y Moisés fue una de las almas más elevadas que jamás han venido a este mundo.
En pocas palabras, Noé no estaba en su nivel de rectitud. Sin embargo, como dice el gran sabio Rabí Elazar en el Zohar: “Fue por la piedad de Noé que él creyó que no debía pedir.” No es que a Noé no le importara, sino que él creía que no merecía hacer una petición al Creador.
El Zóhar nos ofrece una visión crucial que puede evitar que cometamos el mismo error que Noé. El rabino Elazar dice que Noé debió haber pedido al Creador misericordia para el mundo, porque el Creador pudo haber estado receptivo a una súplica, y también haberse complacido de que alguien defendiera y hablara bien de Sus hijos.
¿Cómo sabemos que esto es verdad?
Mañana le echaremos un vistazo a la posible respuesta a esta pregunta.
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Deja un comentario