
Algo para Pensar — Parasha Ha’azinu (lunes, 29 septiembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos
¡Shavua Tov Lekulam!
“Escuchad, cielos, y hablaré, y oiga los dichos de mi boca. Goteará como la lluvia mi enseñanza, destilará como el rocío mi razonamiento; como la llovizna sobre la grama, y como las gotas sobre la hierba…” (Deut. 32:1-2)
Con lenguaje majestuoso, Moisés irrumpe en canto, invistiendo su testamento final a los israelitas con todo el poder y la pasión a su alcance.
Comienza de manera dramática pero suave, llamando al cielo y a la tierra como testigos de lo que está a punto de decir, replicando irónicamente de forma muy parecida al dicho enunciado en la película «El Mercader de Venecia,» “La calidad de la misericordia no se fuerza.» *
Pero esto que ha leído es un mero preludio al mensaje central que Moisés quiere transmitir. Es la idea conocida como “tzidduk hadin»** la que trae al escenario a la justicia de Dios. La manera en que Moisés lo expresa es esta:
“Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en Él; es justo y recto.» (Deut. 32:4)
Esta es una doctrina fundamental para el judaísmo y su comprensión del mal y el sufrimiento en el mundo — una doctrina difícil pero necesaria. Dios es justo. ¿Por qué entonces suceden cosas malas?
“La corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha. Generación torcida y perversa.” שִׁחֵ֥ת ל֛וֹ לֹ֖א בָּנָ֣יו מוּמָ֑ם דּ֥וֹר עִקֵּ֖שׁ וּפְתַלְתֹּֽל׃ (Deut. 32:5)
Dios recompensa el bien con bien, el mal con mal. Cuando nos suceden cosas malas es porque hemos sido culpables de hacer cosas malas nosotros mismos. La culpa no está en nuestras estrellas sino en nosotros mismos.
Pasando al modo profético, Moisés prevé lo que ya había anunciado, incluso antes de que crucen el Jordán y entren en la tierra.
A lo largo del libro de Deuteronomio ha estado advirtiendo del peligro que, en su tierra, una vez olvidadas las penurias del desierto y las luchas de la batalla, el pueblo se vuelva cómodo y complaciente. Atribuirán los logros a sí mismos y se apartarán de su fe. Cuando esto suceda traerán la desgracia sobre sí mismos:
“Pero engordó Jesurún (יְשֻׁרוּן) y tiró coces — engordaste, te cubriste de grasa. Entonces abandonó al Dios que lo hizo y menospreció la Roca de su Salvación …de la Roca que te creó te olvidaste; te has olvidado de Dios tu Creador.” (Deut. 32:15-18)
Esta es la primera vez que se utiliza la palabra “Yeshurún” en la Torá —proveniente de la palabra “yashar”, recto — es deliberadamente irónica.
Israel alguna vez supo lo que significaba ser recto, pero se desviará por una combinación de abundancia, seguridad y asimilación a las costumbres de sus vecinos. Traicionará los términos del pacto, y cuando esto ocurra descubrirá que Dios ya no está con el pueblo.
Descubrirá que la historia es comparable a un lobo hambriento. Separado de la fuente de su fuerza, será dominado por sus enemigos. Todo lo que la nación alguna vez disfrutó se perderá. Este es un mensaje severo y aterrador.
¡¿Te imaginas cuán intensa es la angustia de Moisés ante semejante escena?!
Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)
Notas
* Este monólogo se pronuncia en el Acto IV, Escena I, durante el juicio en Venecia, donde Portia, disfrazada de joven abogado llamado Balthasar, intenta persuadir a Shylock (el prestamista judío) de que muestre misericordia hacia Antonio (el mercader) en lugar de exigir la libra de carne como penalización por la deuda incumplida. El discurso es una alegación poética sobre la naturaleza de la misericordia como un acto voluntario y divino, jamás impuesto por la ley o la fuerza, en el que se contrasta la rigidez de la justicia con la gracia de la compasión.
** Tzidduk HaDin (en hebreo: צידוק הדין, «justificación del juicio» o «aceptación del decreto divino») es un concepto judío que se refiere a la humilde y reverente aceptación de la voluntad y el juicio de Dios, especialmente en momentos de tragedia, pérdida o sufrimiento, como en el caso de la muerte de un ser querido.




Deja un comentario