Algo para Pensar — Parasha Vayelej (viernes, 26 septiembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shabbat Shalom Lekulam!


“Entonces habló Moisés a oídos de toda la congregación de Israel las palabras de este cántico hasta acabarlo.” (Deut. 31:32)

Basado en una serie de versículos de la lectura de la Torá para esta semana, “El Señor dijo a Moisés …escribe esta canción y enséñala al pueblo de Israel.” (Deut. 31:16-30), nuestros sabios del Talmud han extraído el mandamiento de que cada israelita debe escribir para sí mismo un rollo de la Torá (Sanedrín 21b).

Claramente, el Talmud considera que el Pentateuco, los cinco Libros de Moisés, es una canción (shirá). ¿Una canción? ¿¡Este libro de 613 mandamientos específicos, de hacer y no hacer, que dirigen la vida de una persona desde el momento en que se levanta por la mañana hasta el momento en que se acuesta!? 

En el mejor de los casos, la sabiduría convencional de los no observantes ve nuestro “Shulján Aruj” (compendio de leyes judías) como una carga, un yugo que sugiere algo más cercano a un canto fúnebre que una alegre canción. 

Según un famoso Midrash, cuando Dios creó el mundo, la paloma, que representa al reino de las aves, se quejó amargamente: “¡Mira lo grandes que son los otros animales — nos matarán!” Entonces el Todopoderoso reconoció lo justo de la queja y formó para cada ave un par de alas. 

Pero al día siguiente la paloma regresó, todavía molesta.
“¡Mira lo que hiciste! Tal vez éramos pequeños, pero al menos éramos ligeros y ágiles. Ahora tenemos estas dos cargas que en realidad nos impiden correr rápido cuando nos persiguen.”

El Todopoderoso sonrió y le explicó a la paloma que esas alas, usándose correctamente, les permitirían volar más alto que cualquiera de las otras criaturas y elevarse hasta los cielos, cerca del Todopoderoso mismo. 

Con lo dicho, volvamos a la “canción.”  

Así es como la Biblia ve los mandamientos, semejantes a las alas de un pájaro. Son una forma de permitir que el individuo se ennoblezca y se santifique a sí mismo.

De la misma manera en que cada uno de nosotros experimenta una gran satisfacción cuando logra superar una tarea difícil y la realizamos bien, así también el cántico de la Biblia nos permite regocijarnos en el POTENCIAL de la naturaleza humana y en la CAPACIDAD del ser humano para alcanzar lo moral y lo santo.

Mientras que el cristianismo cree que su fundador murió en la cruz como un sacrificio por los pecados de la humanidad, con el fin de obtener la absolución para los mortales, el judaísmo continúa por el camino que ha recorrido desde su origen, celebrando el Día del Perdón el décimo de Tishrei, sin que cada judío necesite un intermediario. Creemos que cada persona puede elevarse por encima de sus transgresiones y fracasos, controlar sus pasiones y redimirse a sí mismo. 

En oposición directa a aquellas religiones que cuestionan la capacidad del individuo para redimirse a sí mismo y elevarse por encima de sus deseos físicos, surge el cántico de la Torá que alaba al ser humano por su capacidad para superar sus debilidades y transgresiones, recrearse a sí mismo y redimir a la sociedad. 

Así como un buen maestro nunca da a su alumno una tarea con la que no pueda lidiar, y un padre preocupado nunca confía a un hijo una obligación que no pueda cumplir, Dios nunca nos habría dado una Torá a menos que supiera que podríamos vivir de acuerdo con sus preceptos.

Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

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