Algo para Pensar — Parasha Vayelej(miércoles, 24 septiembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Pero ciertamente yo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos.” (Deuteronomio 31:18)


Desde cierta perspectiva, tal ocultamiento sugiere indiferencia — especialmente para los individuos que sufren injustamente y que, comprensiblemente, sentirán que si Dios realmente se preocupara, actuaría.

Tal ocultamiento siempre parece expresar una especie de castigo. 


Pero, irónicamente, este mismo ocultamiento encierra una bendición. Dios es representado en la Torá como “poderoso, misericordioso y clemente, tardo para la ira, y abundante en amor y verdad… que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado” (Éxodo 34:6-7). 


Así que, lo que podría considerarse como  indiferencia por parte de Dios ante el mal es solo el tiempo de espera para que surja el arrepentimiento voluntario por parte del malhechor. Esta espera viene a ser el reflejo de Su amor y confianza en los hijos/as que formó en Su seno (Job 31:15) para que regresen a su verdadera tarea y ayuden a reparar el mundo.


Entender que Dios no tiene que descender cada vez que los ladrones asaltan un camión blindado significa que comprendo que el “mal aún no castigado” no restringe necesariamente la bondad de Dios. Muy por el contrario, Dios tiene fe suprema en la naturaleza humana, en el hecho de que el malhechor eventualmente cambiará de rumbo y regresará a Él.


La paciencia “cósmica” de Dios con el pecador es una expresión de Su confianza en la capacidad humana para perfeccionarnos. Esta espera no le resta a Dios, sino que añade grandeza al potencial del ser humano creado a Su imagen.  


Evidentemente, El Eterno cree más en nosotros de lo que nosotros creemos en nosotros mismos…


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CEJSPR)

Deja un comentario

Trending