Algo para Pensar — Parasha Vayelej (lunes, 22 septiembre 2025) Tiempo de lectura: 3 minutos 


¡Shalom, Shalom Lekulam!


“Pero ciertamente yo esconderé mi rostro en aquel día, por todo el mal que ellos habrán hecho, por haberse vuelto a dioses ajenos” (Deut. 31:18)


¿Alguna vez has pensado que Dios está tan por encima de nosotros, tan único, separado y exaltado, que está completamente apartado de lo que ocurre aquí abajo? 

Este distanciamiento da paso a la interpretación teológica apropiada para el Holocausto, un período en el que ciertamente podemos sugerir que Dios estaba «oculto» o, en términos prosaicos, dormido. 


Durante el sueño, uno es indiferente a su entorno, parece inmune a la existencia humana, olvida que el mundo existe. Más aún, el sueño exime al sujeto de responsabilidad. «Pero es por tu causa que nos matan todo el día, somos considerados como ovejas para el matadero. ¡Despierta! ¿Por qué duermes, oh Señor?» (Salmos 44:23-24). ¿Cómo puedes dormir? ¿Cómo es posible que te distancies y permitas estas atrocidades? 


Estas angustiosas palabras del salmista podrían haber sido pronunciadas por las víctimas de Auschwitz. De igual manera, en otro versículo, el salmista exclamó: «¿Hasta cuándo, Señor, me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?» (Salmo 13:2).


Pero, ¿acaso semejante interpretación no contradice a un Dios de amor, compasión y bondad amorosa? Quizá sea apropiada para describir al inconmovible «Motor de Aristóteles,» pero está totalmente desconectada del Dios que decidió involucrarse con Abraham, Isaac y Jacob.


Una tercera opción de lo oculto se encuentra en Isaías; esta es la más difícil y asombrosa de todas: «Tú eres un Dios que te escondes, el Dios de Israel que trae salvación» (45:15). Anteriormente, el profeta declara: «Esperaré con ansias a un Señor que esconde su rostro de la casa de Judá, y me anticiparé a Él con esperanza» (8:17). 


Esta conexión indeleble entre un Dios que se oculta y un Dios que salva es una idea radical, incluso revolucionaria. Curiosamente, la visión de Isaías presenta una redención que revela nuestros anhelos más profundos por la manifestación de este Dios que se oculta. 


¿Qué puede significar esto? ¿Cómo podemos alcanzar la iluminación definitiva si estamos en una plataforma frustrante y nebulosa, que nos obliga a ver a través de un cristal oscuro que nos priva de captar la anhelada respuesta?


La búsqueda de respuestas a estas preguntas será nuestro punto de partida para la próxima reflexión.


Esto es, Algo para Pensar (drigs, CESJPR)

Deja un comentario

Trending